miércoles, 2 de marzo de 2016

Burke

El capitán Burke se dio la vuelta tras el empujón recibido. Se le veía furioso, empapado por la cerveza que había derramado su jarra. Antes de que pudiese gritar recibió un fuerte puñetazo que le hizo retroceder unos pasos. Le perdí de vista unos momentos, hasta que se acercó a la joven que le acababa de golpear.  Ella lo volvió a intentar, pero el capitán detuvo el golpe con su brazo izquierdo, la levantó con su mano derecha y la lanzó contra una de las mesas cercanas, provocando que se vertiesen varias jarras. Uno de los tres bucaneros de la mesa se levantó y se enzarzó con el capitán en un combate a golpes mientras cundía el caos en la taberna. Los taburetes empezaron a volar, mientras piratas de diversas tripulaciones se golpeaban sin orden ni control. Todos se lanzaron a la tumultuosa refriega, menos yo, que observaba desde un rincón la escena.  

Silvie, que era el nombre de la joven que había empezado todo, se reincorporó justo a tiempo para esquivar a un pirata algo entrado en años que cayó a su lado. Esquivó un par de golpes y se parapetó detrás de una mesa. Utilizó la pata de un taburete roto para defenderse hasta que otro pirata atrajo la atención de su atacante. Se subió encima de una mesa y pateó la cara de un pobre desgraciado que osó agarrarla del tobillo.

A lo lejos el capitán Burke, el objetivo, estaba destrozando a golpes a un grumete. Silvie se le fue acercando cada vez más. Esquivaba al resto de marineros y les golpeaba directamente a la tráquea si no se apartaban. Él no la vio venir. Estaba riéndose frente a su última víctima cuando notó un dolor inmenso y cayó al suelo. El golpe bajo que recibió desde atrás fue demasiado para el grandullón. Se retorció de dolor hasta que la bota derecha de  Silvie le mandó al país de los sueños. La trifulca cesó entonces.

La joven pelirroja caminó hasta mi mesa, se sentó a mi lado, tomó un trago y dijo.

-      -  ¿Cuándo dices que partimos de Tortuga?

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