miércoles, 8 de julio de 2015

Now or never

Su lista de reproducción cambió de tercio y empezó a sonar una lenta melodía. “Its now or never/come hold me tight” La voz de Elvis inundó su cabeza, activando su rincón de recuerdos perdidos. Siempre había dicho que con música trabajaba mejor, pero de vez en cuando paraba para disfrutar de algunas canciones seleccionadas.

De los pocos compañeros que tenía, ninguno le hacía mucho caso. Estaba encerrado en su pequeño cubículo en el que tecleaba sin cesar modificaciones en bases de datos que no le importaban. Aseguradoras, bancos, compañías eléctricas … Le era indiferente, pues él solo marcaba y marcaba.

Era el turno de tarde que él había solicitado, pues aprovechaba las mañanas para llevar y recoger a sus hijos del colegio y hacer las taréas del hogar. Por la tarde ya se encargaba su mujer del resto, puesto que su horario era de mañana. Apenas coincidian un rato en casa y los fines de semana. La veía más en las fotos que tenía delante de él: Las vacaciones en París, el viaje relámpago a Lyon, con los niños en el parque.

Apenas escuchaba la dulce melodía de fondo mientras observaba todos los elementos que a lo largo de cuatro meses había ido llevando a su puesto de trabajo: Una bola de esas en las que parece que nieva con el Big Ben dentro, una foto de sus padres y un cenicero de barro regalo del día del padre del año anterior. Era su zona de confort. “we would cry an ocean/
if we lost true love”.

Tenía ya tres o cuatro conocidos en la oficina, aunque que apenas hablaban en aquel trabajo y prefería disfrutar de la música en sus ratos de descanso que ir a tomar un café o salir a la terraza a fumar un cigarrillo, como sus compañeros. También aumentaba su productividad, por lo que esperaba cobrar por objetivos.

Solo quedaban cinco minutos y decidió que la jornada laboral había acabado, al igual que la canción de Elvis. Haría un poco el paripé, para evitar que el jefe pudiera echarle en cara que se iba antes de su hora. Malditas apariencias.


Acarició suavemente la pelota antiestres que le acompañana desde hace años. Sonrió y la soltó, golpeando el suelo. Dejó los auriculares encima de la mesa. Abrió el cajón, se puso la pistola contra la cabeza.

No hay comentarios: