domingo, 7 de junio de 2015

La feria

Aquella era la típica mañana calurosa del mes de Junio en la que a las diez no se podía andar por la calle. Me puse mi camiseta blanca ,unos pantalones cortos y metí varios libros en la mochila. Uno de ellos era el que ahora ocupaba mis pensamientos, una novela policiaca de esas que tanto me gustaban y estaban de moda en aquel momento. Los otros eran libros para que un humilde autor me los firmara. Humilde, puesto que aunque su prosa me llegaba al alma, me mantenía en tensión durante todas las páginas y sabía cerrarlo todo, no había conseguido el favor del gran público. Aún.

Llegué a la feria a eso de las once y cuarto gracias a Metro de Madrid, lo cual me permitió avanzar en la novela. Tenía tiempo hasta las doce, por lo que aproveché para visitar casetas buscando siempre la sombra, que en ocasiones no existía. Un par de libros más se hicieron hueco en mi mochila y emprendí la marcha hacia donde esperaba recoger las firmas.

Me quedé sorprendido cuando vi que había una fila de personas esperando delante de la caseta, mas la sopresa se diluyó al percatarme que no era el único autor que firmaba a esa hora. A su lado estaba (o al menos debía haber estado) una gran vendedora de libros, una de esas personas que hacen que la industria literaria se mantenga, una gran … mentira.

Me adelanté a toda esa gente que esperaba por una persona que no llegaría a firmar esa mañana (tardaron más de media hora en avisar de ello) y me acerqué al escritor, que aguardaba pacientemente charlando con la gente de la caseta. Me sonrió cuando le saludé y al ver que llevaba tres de sus libros casi se le cayó una lágrima.


Tras las firmas hablamos un poco de sus proyectos, de sus libros, de los cursos de escritura que daba y a los que me animó a apuntarme y de su compañera de firmas fantasma. Yo estaba indignado, pues no entendía como la gente podía comprar folletines rosas de una farsante y no apreciar el trabajo de un escritor de verdad, pero él no lo estaba. Me miró y me dijo una frase que quedó grabada en mi memoria “Ella juega otra liga”.

5 comentarios:

Allteriel A través del espejo dijo...

Al final solo hay que tener paciencia. El esfuerzo da sus frutos y hay que disfrutarlos cuando se recogen ^^

loquemeahorro dijo...

Qué imaginación tienes, eso no puede ocurrir, hombre!

Victor Tejada dijo...

Primero tendría que esforzarme y no sé si estoy por la labor.

¿Puede ocurrir que un autor poco reconocido con libros buenos llegue a triunfar más que una tertuliana de televisión?

Álvaro dijo...

Quiero que me mandes los nombres de los dos ;-)

Victor Tejada dijo...

¿De que dos?