jueves, 1 de enero de 2015

Polar

Frío. Esa sensación que te recorre todo el cuerpo y te deja con un temblor que te impide hacer absolutamente nada. Sin pensar, sin poder moverme y sin salvación; estaba ya al borde de la muerte. Aquel paraje gélido al que había llegado por amor iba a ser sin duda mi tumba. Era el último de mi expedición., inlcuso Carla había fallecido unos días antes. Como veis no tenía nada más que perder y absolutamente nada que qué ganar. Perdí la conciencia.

Desperté una semana más tarde en un hospital. No entendían el español y yo por entonces apenas chapurreaba el poco inglés que me habían enseñado en el instituto unos años antes de estos acontecimientos. Tenía veinticinco años y apenas sabía nada de la vida. Al poco tiempo de despertarme llegaron un par de doctores acompañados por una enfermera, que hizo las veces de traductora.

  • Hi, i am muzzy, how are you? Im fine thanks – Dijo el médico más mayor o eso es lo que yo le entendí, menos mal que estaba allí la traductora.
  • Hola, es Doctor Fauvert, médico. ¿Qué tal encuentra esta mañana, señor Sanz? Vemos de mejor cara.
  • Buahensndjesd cof coff – Ni siquiera pude articular palabra, pues mi boca aún estaba húmeda y tosía
  • Nonanonanaiser – Dijo otro médico que venía con él.
  • Sure, he´s so stupid and bored man.
  • Dicen debes procurar hablar con calma, cuerpo aún no está recuperado del todo.

En los siguientes minutos escuche las explicaciones que me daba la enfermera en un spanglish que entendía dificilmente, pues mi mente estaba aún dando vueltas por la fría nieve canadiense donde perdí lo más importante que tenía. Básicamente, los servicios de emergencia canadienses habían recibido nuestros mensajes, pero no dieron con nosotros hasta que yo era el único que estaba en pie. Lucas, Pierre, Atuan, Felipe. Carla, mi bella Carla. Tuve que identificar los cuerpos de Lucas, Felipe y de Carla. Fue la experiencia más dura a la que me enfrenté en mi estancia en tierras canadienses.


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