martes, 27 de enero de 2015

Joven

La bella joven se acerco un poco más al río. Quería ver su reflejo en el agua, puesto que no estaba muy segura de estar perfecta. Se había cruzado con el pastor a primera hora de la mañana y aunque la había mirado no había hecho ninguno de sus típicos comentarios. Esa fue la primera señal de que algo pasaba. Más tarde se cruzó con el guardabosques, el cual la saludo galantemente sin decirla nada. Eso era más raro, porque siempre flirteaba con ella, pero aquél día ni la preguntó por su abuela. El tercer y último aviso fue cuando pasó por la plaza del pueblo y no sintió las miradas en su trasero. ¿Qué habría pasado? ¿Cual era la diferencia? Se acercó al río y se contempló. La arrugas surcaban su cara y las ojeras delataban su interior. Se había pasado toda su vida procurando tener un aspecto impecable, pero nunca se ocupó de si misma.



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