martes, 6 de enero de 2015

Energía

Lo adoro. Me fascina ese olor a tormenta cuando el cielo empieza a ponerse oscuro. Antes de que la tierra esté mojada ya siento la humedad en todo el cuerpo. Procuro descalzarme para sentirla en plenitud. No tiemblo al escuchar los relámpagos y ver los truenos en el horizonte. Al contrario, me siento vivo, me siento feliz y la energía fluye por mis arterias y venas. Las primeras gotas caen por mis mejillas como si estuviera llorando de alegría; es en ese momento el que decido que he de volver a casa. Sin prisas, disfrutando de una ducha natural. Cuando llego a casa me quedo en la entrada hasta que mi madre me obliga a entrar y a secarme mientras protesto. Es importante exprimir esos momentos, nunca sabes cuándo va a ser el último.

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