domingo, 16 de noviembre de 2014

Dos relatos

La noche

Me equivoqué. Aquella noche la oscuridad fue mi peor enemiga. La falta de cigarrillos en el frente no hacía más que aumentar mi nerviosismo y el miedo recorría todo mi torrente sanguíneo.

Me pareció ver un soldado enemigo atravesando la tierra de nadie. Estaba llegando ya a nuestra posición. Cogí mi fusil, apunté y sin pensármelo dos veces disparé. El hombre cayó. Vi como desde nuestra posición salían a socorrerle, pero ya era demasiado tarde, había tenido demasiada puntería.

Quise decírselo pero no pude. Mi Sargento interrogó a todos sus hombres, ya que sabían que el disparo provenía de su sección. Tuve que hacer de tripas corazón para no derrumbarme.

Imaginé las consecuencias de aquella imprudente acción que le había costado la vida a un compañero que había ido a sabotear el suministro de agua del enemigo. Esquivé el consejo de guerra, pero no pude escapar de mi conciencia.


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La prueba

Me equivoqué, mezclar mermelada y cianocrilato no era una buena opción. Tampoco era muy saluble, pero entendía que el objeto de aquella prueba era conseguir una buena estética y no un buen sabor.

Me pareció ver a algunos de mis rivales esferificando la mermelada y a otros intentando mezclarla con masas, intentando conseguir texturas y colores nuevos. Los jueces empezaron a probar los platos y llegaron al mío.

Quise decírselo, pero no pude. Juro que iba a gritar cuando aquél cheff chulito metió su cuchara en mi experimento e hizo un comentario cruel sobre mis dotes culinarias.

Imaginé las consecuencias que tendría para mi una denuncia por intoxicación, así que me encomendé a la divina providencia para que nadie tuviese que ir al hospital. Tuve suerte y continué una semana más en el programa. 

1 comentario:

Victor Tejada dijo...

¿Cual de los dos relatos os gusta más?