lunes, 28 de octubre de 2013

Oslo 736

Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost. Absorto en mis negros pensamientos me senté en una de las últimas filas buscando un poco de paz. Recliné el asiento y miré al techo. La puerta se cerró y la azafata revisó mi cinturón. Creí ver una sonrisa burlona en su cara, pero no le di la menor importancia y seguí a lo mío. En el momento de enfilar la pista de despegue me fijé en los rostros más cercanos, en sus rasgos afilados y en sus miradas perdidas. Un escalofrío me recorrió la espalda al darme cuenta de que mi vuelo nunca llegaría a su destino.

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