lunes, 11 de febrero de 2013

Sagitario

- Sagitario.
- Perdón, ¿cómo dice?
- Su horóscopo. Es sagitario.
- ¡Ah!, vale.
- ¿No se siente intrigada por descubrir cómo lo sé?
- Verá, no soy curiosa por definición y no he cogido este metro para flirtear con un anciano que podría ser mi padre.
- No pretendía darle esa imagen. He visto su anillo, tranquila. Yo también estuve casado, pero los designios de nuestro señor se llevaron a mi esposa demasiado pronto.
- Lo lamento, pero le pido que me deje en paz.
- Su parada es la siguiente, por lo que puede aguantarme un par de minutos más, salvo que quiera cambiarse de asiento.
- ¿Qué es esto? ¿Una broma? Le advierto que me está empezando a cansar.
- ¡No!, ¡no!. Como ya le he dado a entender sólo será un momento. Simplemente quiero transmitirle un mensaje de alguien que le quiere.
- Me está poniendo nerviosa. Le ruego una vez más que me deje. No me siga.
- Margarette no se vaya. Escúcheme.
- Le dije que no me siguiera. ¿Es usted un pervertido? ¿Un actor contratado por mi marido para agobiarme?
- No, nada de eso. Tan sólo soy un viejo loco.
- Seguro. Mi parada. Si me sigue no tenga duda de que hablaré con seguridad.
- No se preocupe, mi viaje sigue. Adiós.
- Estará usted muy orgulloso de haber asustado a esa mujer.
- No era mi intención, pero seguro que hoy llegará al trabajo.

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