domingo, 17 de junio de 2012

Zombie



Jueves, 6:54. Sólo en el anden, puesto que he perdido el metro por muy poco. Afortunadamente tras esperar un minuto llega otro. Esta semivacio, mas que de costumbre. Puedo contar un máximo de 10 personas en este convoy. Entre el sueño y la cantidad de gente estoy seguro de que voy a sufrir un ataque zombie, pero gracias a Max Brooks, estoy preparado. Mi ubicación es buena, ya que estoy en el penúltimo vagón y sin nadie a la izquierda, por lo que podré escapar sin problemas y sin estorbarme con nadie. En caso de llegar al enfrentamiento físico, tengo el iPad que me puede servir bien como escudo bien como arma (rezo por la solidez de los productos Apple).

Aunque puede que este equivocado y que el yo sea el zombie. Al fin y al cabo, a estas horas de la mañana me muevo por impulsos mecánicos sin tener la menor consciencia de lo que hago. Si, cierto, escribo. Eso me provoca una leve actividad neuronal, pero tampoco necesito mucha para escribir unos párrafos con lo primero que me viene a la cabeza. Mis constantes vitales no se alteran y mis párpados pueden llegar a cerrarse. Soy un zombie que repite sus pasos todos los días, siguiendo el mismo ritual. Soy rutinario.

La verdad es que un ataque zombie nos sacaría de la crisis, por lo que sería muy positivo. Provocaría una disminución de la población muy importante. Yo creo que si sobrevive un 5% podría considerarse un éxito, y desde ese punto volver a desarrollar un sistema económico mas viable. Habría que convivir con auténticos estados zombies y la ONU se convertiría en la ONNZ (organización de las naciones no zombies). ¿Me preocuparía la prima de riesgo? No, me preocuparía que mi prima la zombie me acorralase en alguna esquina. No seria nada nuevo para mi, puesto que ya lo hacia antes para quitarme la paga o descargar sobre mi su justa ira, pero antes si me mordía lo único que tenía que hacer era ponerme la vacuna antirrábica.

Un mundo zombie, que bonito. Es el lugar ideal para que surja el amor. En todas las películas, series y cómics de zombies surge el amor. Todo lo que necesitas para sobrevivir en un mundo devastado por la plaga de comecerebros es eso, una razón para seguir luchando. Es muy fácil enamorarse, hay que pensar que lo mismo no hay mas supervivientes, así que es esa chica o chico que te has encontrado en la gasolinera o pasar sólo el resto de tus días (u horas, dependiendo del caso). Es imposible que encuentres una súper modelo o un actor de películas de acción, pero es lo que hay. Lo dejas o lo tomas, sin vuelta atrás.

Son relaciones preciosas las surgidas al calor de una catástrofe así. Todo el día juntos, espalda con espalda, protegiéndose mutuamente. Precioso. Eso si, en esa relación puede haber un máximo de una discusión, bien porque todo el mundo va armado hasta las trancas bien porque la discusión sea sobre si estas infectado o no. Ambas situaciones acaban con una ruptura rápida, si es dolorosa o no dependerá del arma utilizada para seccionar. Es una pena que no tengamos todos una katana en casa.

En fin, que un mundo zombie nos plantea una serie de ventajas que deben ser consideradas, ya que mejoraría la competitividad de la economía española y mundial (menos gente, menos competencia) facilitaría las reformas constitucionales (para impedir que los zombies puedan votar y evitar tener un presidente zombie; aunque fuese más eficiente queda mal) y a ti, que no te comes una rosca, te pondría de number one en el mercado de la carne.

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