lunes, 11 de junio de 2012

Tarde




Es imposible concentrarse por la tarde en el metro. Parece como si el traqueteo del vagón sonase mas fuerte y, además, hay multitud de conversaciones que impiden la concentración. Cuando intentas inspirarte es cuando mas te das cuenta de ellas: "¿no te habrá llamado la loca de Marina?" "siéntese aquí. No, que me bajo en la próxima. Insisto". Cada nueva estación es un vaivén de gente entrando y saliendo. Ruido y mas ruido. El calor aprieta y me quito la americana. Un par de muchachas jóvenes se ruborizan al ver mi pequeño strip-tease. Mala suerte chicas, estoy pillado.



El aire acondicionado no funciona como debería e inunda todo el convoy de un aire infernal mientras que, mecánicamente, van sonando las estaciones. Juraría que por la mañana no suena. Empiezo a pensar que estoy muy dormido a las 7 de la mañana. A lo lejos, 3 filas de asientos mas allá, un par de abuelas hablan de lo que hicieron el día anterior y que vieron el partido. Me niego a seguir escuchándolas, prefiero pensar que la civilización aun tiene salvación. Se bajan y menos mal. Enmudece el ambiente, hasta que entra un joven escuchando música. El volumen debe estar alto, porque escucho nítidamente el bakala-chungui que lleva, pero otra vez el ruido infernal de las ruedas realiza su función y vuelvo a no poder concentrarme.

El joven se aleja y dejo de escuchar la música. Pisadas; la gente entra y sale, pero o mío es seguir. Asándome de calor, que horror. Caigo en la cuenta de que las jóvenes siguen acaloradas, por lo que no debí ser yo el causante de sus suspiros. Me da igual; es mi relato y cuento lo que quiero, mas meter un club de fans histéricas sería demasiado transgresor y todos sabéis que soy clásico. Tan clásico como la mahou clásica, aunque me guste mas la cinco estrellas.

Apago el cerebelo unos pocos segundos tratando de pensar en nada, de pensar en blanco, de pensar en las cosas buenas de este día. Poco saco en claro, ya que casi todo está oscuro, negro como mi alma carcomida por la avaricia y el mal de Bruce Harper. No soy el mejor, pero soy vital para que todo salga bien en cada momento. Soy la caña, soy candela, soy un hombre que se derrite en este vagón. Ya que han subido los precios podrían subir el aire acondicionado. Me encuentro hoy reivindicativo. Abajo el capital, viva el mal. Welcome de nuevo a la edad media. ¿Porque no se me habrá ocurrido antes aflojarme la corbata. Con un poco de respiro he vuelto a ser un cordero directo al matadero. Allí nos veremos todos y no en medio del lodo.

Uff, que productiva es esta segunda parte del metro, la que suelo aprovechar para escuchar música y dominar el mundo (virtual). Debería hacerlo al revés, primero música y después escribir, aunque perdería toda su gracia. No la tiene. Levantarse pronto es una mierda que solo me da dolores de cabeza y sueño a horas tempranas, acabando en la cama a las primeras de cambio, pero es mi vida, es mi suerte, mi perdición y mi Apocalipsis now. Parece que ya llego a Puerta del Sur, el cambio de líneas y cambio de roles, el cambio de mente. Soy como el perro de Paulov, llego a esa estación y is oídos me piden escuchar algo de música. Así pues me despido hasta la próxima mañana que vaya en metro y con el iPad.

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