lunes, 11 de junio de 2012

Lunes


Vuelvo otra vez a plasmar mis ideas en un folio vacío, esperando que, sin red ni guión, las musas me acompañen en el trayecto que lleva desde mi parada a mi destino, como no podía ser de otra forma. Todos tenemos un inicio y un destino, un lugar al cual llegar. Aunque muchos no queremos llegar.



El viaje, como de costumbre, empieza con una carrera para conseguir subirme al metro. Es de cobardes, sin duda, pero no me gusta esperar en el anden. Me pone nervioso ver como pasan los minutos y se acerca la hora de que llegue el nuevo convoy. Lo hacia cuando era tiempo estimado en paneles analógicos y ahora, aún siendo paneles digitales con un porcentaje de acierto del 99,9 %, sigue pudriéndome estar en un anden quieto sin hacer nada. 


Es como decía el lema olímpico, tanto en la vida como en el deporte. Me aburre estar quieto, esperando y esperando. No me gusta el viaje, ni el esfuerzo de hacerlo. Me importa el destino, el fin, el se acabo, el ying, el tofee y, sobretodo, el hay esta tu paga por otra dura jornada laboral en la fábrica de municiones. 


Me gustan los finales felices, aunque no los de las perdices; la vida enseña que esos no existen. Menos mal, porque no todos podemos ser reyes, príncipes, ricos y con éxito, prefiero ser buena gente, prefiero ser corriente y moliente, ser uno más de la marea humana que sabe donde está hoy y donde quiere estar mañana, aunque el viaje sea tedioso, la espera angustiosa, que sean las 7:00 y yo sin despertar.

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