domingo, 19 de febrero de 2012

Laurita



Era tan sólo un niño cuando conocí a Laurita y al verla ya sentí algo muy fuerte dentro de mí. No sé si fueron sus coletas, sus ojos claros o la mantequilla del desayuno, pero no pude aguantar la presión y tuve que ir al servicio. Al volver a clase, me había robado el sitio: ésa fue la primera vez que me lo hizo y lo recibí como una cierta agresión.

Los recuerdos de aquella época se desvanecen en mi memoria, pero sé que disfruté mucho en la escuela. Aprendí, me reí, estudié y llegué a ser considerado un buen alumno. Sin embargo, nada de lo que hacía me acercaba a Laurita, de la cual me separaba un abismo, ninguno de los dos podía romper la barrera de la timidez ni nos dimos la oportunidad de comprobar cuán parecidos éramos.

Después de clase, yo tenía inglés, guitarra y entrenamiento de fútbol y ella tomaba clases de ballet y una actividad indeterminada, ya que las veces que la seguí me encontraba con algún compañero por el camino y la persecución acababa instantáneamente sin descubrir qué hacía en ese local, detrás de los recreativos.

Así pasamos unos años hasta que dejamos la E.G.B. y emigramos a un instituto. Puesto que por aquella época las clases en la educación pública eran de cuarenta niños por aula, sabiamente, mis padres me enviaron a un colegio privado para que recibiese una educación más personalizada. Si bien fue muy doloroso para mí por el hecho de que la mayoría de mis amigos iban al instituto público, al menos, seguía estando con Laura. Ya no llevaba coletas, sus ojos seguían siendo claros y yo estaba colgado de ella. El otro factor que no variaba era su desprecio hacia mí. Yo no era un atleta, ni un chico popular ni un chico malo y su interés hacia mí no era nulo, sino negativo. Algunos lo atribuían a que le molestaba que le tirara de sus preciosas coletas, algo que, en realidad, eran torpes intentos de galantería infantil.

Así que el instituto fue una época difícil para mí, Laura sí era popular e infundió falsos rumores, diciendo que yo era rarito, friki y perdedor. Lo que más me dolía era que su tremendo éxito me dejaba en un segundo plano hasta que, lentamente, pasó del desprecio a la indiferencia, lo cual me posibilitó conocer a gente, formar un nuevo grupo de amigos y llegar sin muchos sobresaltos a la universidad.

La universidad fue el principio de mi nueva vida alejado de mis amigos y de Laura. Gracias a una nota patética en la selectividad, acabé haciendo Historia del Arte a más de 150 kilómetros de mi casa. Mis padres no podían costearme la estancia, así que tuve que trabajar como recadero, como administrativo y, cuando acabé la carrera, como responsable de Recursos Humanos de la empresa.

No me quedé quieto, ése era un campo que me apasionaba y me matriculé en varios Masters para completar con formación mi experiencia. Cambié un par de veces más de empresas hasta que llegué a una multinacional como responsable nacional y todo fue bien hasta que volví a encontrarme con Laura.

Llevaba el pelo corto, los ojos parecían menos claros detrás de las gafas de pasta de diseño italiano, pero la reconocí nada más entrar por la puerta. Pudo influir que leyese su nombre en el dossier para los candidatos a un puesto directivo e insistiese para realizar yo la entrevista. Ella no me reconoció e incluso no consiguió ubicarme, lo cual me alteró profundamente.

No me acuerdo de lo que pasó después, pero la demanda por acoso y amenazas acabó con mi carrera. Afortunadamente, fue desestimada por falta de pruebas y la empresa se vio obligada a indemnizarme. Seis cifras, ninguna orden de alejamiento. Esta terapia es por voluntad propia. Que conste en acta.

Así que este es el resumen de los acontecimientos por los cuales he llegado a donde estoy ahora, causantes o no de que cada vez que veo a una chica con los ojos claros me asalte una sensación de intranquilidad que me hace seguirla y espiarla, pero que me impide hablar directamente con ella. Incluso ahora, que intento explicarle a Laura como me sentía y cómo me siento, vuelve aquella presión y he de hacerlo hablando a un grupo de personas que no conozco ni me interesan. 

No hay comentarios: