domingo, 16 de diciembre de 2012

Fin del mundo

La vida es corta: Hay que vivirla al máximo, sin lamentarse ni preocuparse de los errores cometidos. Tienes que avanzar y no retroceder. Esa es mí filosofía de vida y credo; lo único que importa. La gente tiene miedo del fin del mundo, yo, qué no lo he tenido de este jodido cáncer de páncreas con metástasis que decían iba a acabar conmigo hace un año, lo voy a tener de las profecías de un pueblo que no vio llegar su fin. Se pierde cada minuto que te preocupas por algo cuya solución no está en tus manos.

lunes, 29 de octubre de 2012

Katherine


Las manos de uno de los hombres se posaban en la garganta de K. El resto miraba serenamente cómo se desvanecía la vida de la muchacha. Todos tenían sus razones para desear su muerte puesto que con ella había llegado la lujuria a su pequeña comunidad, pero fue el reverendo Tom el que decidió cargar con dicho pecado. Cuando todo acabó, el reverendo cerro los ojos de la joven y colocó su cuerpo en la pira crematoria que habían construido para purificarla. Lanzaron las antorchas y vieron cómo la hoguera cumplía con su obligación. Uno a uno, y después de recibir la bendición del reverendo, se fueron marchando en silencio, quedando tan sólo el hombre santo y la pira encendida. Se fue caminando antes de que las llamas se apagasen por completo, dejando atrás los huesos de su hija.  

Coctel


Señorita, sírvame un poco de calentura, que tengo el corazón vacío y la sangre alterada por la primavera. La lujuria me domina en esta noche de verano, que es ver sus pupilas y caer rendido ante ellas. Sírvame un coctel y cóbreme deprisa, porque de otra manera jamás conseguiré olvidar su sonrisa.

domingo, 5 de agosto de 2012

Desierto


 El calor derretía mi sesera, me aplatanaba y destruía el poco espíritu que habitaba en mi cuerpo. Me quedaba sin ganas de hacer nada. Estaba tumbado viendo una película que ponían en la televisión, ganadora de un oscar, y de risa, o eso parecía. En aquel estado, ni despierto ni dormido, ni consciente ni alelado, el tiempo y el espacio no eran nada para mí. Era la nada, una sensación demasiado conocida para mi.

Al principio, y no se por cuanto tiempo, fue una sensación placentera, sin prisas, horarios o problemas. Sin tener que pensar en trabajar al día siguiente. Tal vez eso era lo que más me atraía de aquella modorra que se había instalado en mi mente y mi persona tras la comida. Los platos sucios, la ropa sucia, el polvo que limpiar, la bañera que fregar y la lavadora que tender, eran problemas secundarios en aquel momento. No sé si sería el Nirvana, pero al menos era placentero, aunque no duró.

Sin saber cuanto tiempo había transcurrido vi como el cielo se cubría, como mi sofá se deshacía y se quedaba reducido a ser una incomoda piedra. Los muros de mi casa, mi barrio y mi ciudad se quedaban en nada y la arena empezó a introducirse en mi boca. No tuve más remedio que levantarme para evitar aquella asquerosa sensación. Miré en todas las direcciones, pero tan solo el mueble del Salón permanecía en su lugar.

Había anuncios en la pantalla y todos eran de bebidas refrescantes. No eran los que yo recordaba, puesto que un refresco de cola hacía encoger a la gente, uno de naranja era vital para protegerse del sol en verano y otro sin gas te permitía propulsarte hasta la luna y volver desde allí en dirigible. Todo me parecía viable, salvo lo del dirigible, porque todos sabemos que la luna es una república independiente que no admite ni turistas ni invasiones.

Entre la arena y los anuncios, la boca empezó a estar demasiado pastosa, por lo que decidí ir a la cocina a por algo de beber, pero no estaba detrás de mi. Se me había olvidado por un momento que todo lo que abarcaba mi vista era un amplio desierto, un mueble con televisión y una piedra incómoda con forma de banco del parque. Esto empezaba a parecerse demasiado a alguna clase de pesadilla o capítulo de televisión de demasiadas series; solo faltaba un espíritu indio para enseñarme el camino o los números de un boleto de primitiva que posteriormente fuesen premiados, mas no tuve tanta suerte, puesto que nada pasó. Al menos el tiempo seguía siendo algo inexistente en aquel lugar y la hipoteca un sueño lejano, algo de lo que no se debía hablar.

Que raro. Sin previo aviso pensé, y sin venir a cuento, en mi adolescencia y en la maquina de bebidas que había en el instituto delante de la cual pasaba los ratos libres en el pasillo. Día a día, aquella maquina vio pasar una época en la cual estaba tan desorientado como ahora, sin rumbo, sin destino, sin apenas enemigos, amigos o vida social que me distrajese un poco. El tiempo no era nada para mi, ni lo fue hasta que en la facultad conseguí sobresalir sobre el resto en el noble arte del mus, el escaqueo y el aprobado por los pelos. Todo para acabar en un minúsculo cubículo sin más ambición que descansar cada noche en mi cama y visitar en verano ciudades europeas con historia y tradición cervecera, catando las mujeres de otros lugares previa negociación de un justiprecio.

Los recuerdos inundaban mi cabeza, pero no calmaban la galopante sed que tenía, así que opte por lo único sensato en aquella situación: Tumbarme en aquella piedra a seguir viendo la comedia a ver si, con un poco de suerte, las nubes negras convocaban a la lluvia. No sucedió. Nada cambió, pero conseguí conciliar el sueño pensando en que cuando despertase estaría tumbado plácidamente en el sofá.

El sol empezaba a levantarse mientras la luna insistía en quedarse. Fue un espectáculo asombroso ver como el sol golpeaba a la luna hasta que esta admitía su derrota y se iba por su camino a un lago enorme en el cual descansar hasta la noche. Al menos estaba en mi sofá, por lo que no me dolía la espalda, pero si la cabeza. En lugar del mueble de la televisión tenía el frigorífico y una pequeña mesita. Maldije al nuevo día por no poder hacerme un café ni unas tostadas. Tampoco tenía un exprimidor a mano, ni cuchillos para untar. Me sentí indefenso y obligado a beber a morro de un tetra-brick de leche, la cual estaba agria, pero repuse fuerzas. Debía tener bastante mal aspecto, pero cómo no había ningún espejo a mi alrededor no pude comprobarlo.

Tentado estuve de abandonar el sofá y comenzar a andar, pero no había nada a mi alrededor. Hasta donde alcanzaba mi vista era todo arena, sin rastro de agua, sombra o civilización. Sin duda era una locura quedarse allí, abandonarme a mi mismo en aquel oasis, más salir de aquella zona de confort era un suicidio. Lamenté haber perdido la televisión, puesto que empecé a ponerme nervioso por la inactividad, por no tener nada que hacer. Abrí la mesita con la esperanza de que tuviera un libro o algo con lo que pasar el rato, pero los 3 cajones estaban llenos de arena. Metí las manos dentro de la fría arena y no encontré nada, más la sensación agradable que tuve me hizo permanecer de rodillas sobre un suelo caliente, pero con las manos frías. No se cuanto tiempo permanecí en aquella postura, pero llegó un momento en el cual no aguanté más y caí rendido sin tener tiempo de acercarme al sofá.

Desperté dolorido y lleno de arena. Mi espalda pedía urgentemente un masaje, pero alrededor sólo tenía mi sofá y una bicicleta estática. Era ya el tercer día que pasaba en aquel horrible lugar y empezaba a estar cansado de aquellos cambios. En un ataque de rabia le dí una patada a aquella bicicleta, pero estaba bien anclada al suelo y lo único que conseguí fue caer de culo y hacerme daño. Seguía sin saber que era lo que estaba pasando y temí perder la locura, puesto que la cordura la perdí un par de días antes.

El cuarto día desperté casi sin fuerzas. El hambre, la sed, el calor, aburrimiento, ira, depresión ….. demasiadas sensaciones en mi cerebro. Esta vez observé que no había nada más que mi sofá alrededor, por lo que tuve la sensación de que ese día iba a morir. Dentro de mi ser sabía que ya no quedaba nada por lo que seguir respirando, por lo que seguir viviendo. Ese maldito desierto había acabado con mis fuerzas y esperanzas y lo único que podía hacer era quedarme allí, seguir esperando a que acabase todo. Dejarme morir. En ese instante, a pesar de no tener casi fuerzas, a pesar de que las neuronas estuviesen cercadas por el pesimismo, decidí que si iba a morir sería con clase y dignidad, por lo que me levanté del sofá.

Mis articulaciones no respondieron a la primera, pero con algo de esfuerzo conseguí ponerme vertical y observar que nada había en el horizonte, más mi determinación se hacía cada vez más fuerte y empecé a caminar. Paso a paso. Pie derecho, pie izquierdo. Los dos primeros pasos fueron lentos y un poco torpes, pero sin riesgo de caída. A cada nuevo paso que daba recuperaba más las fuerzas y la confianza en mi mismo, por lo que pronto empecé a tener un buen ritmo. No miré para atrás para despedirme de mi sofá, ni siquiera cuando aceleré el paso y corrí.

domingo, 24 de junio de 2012

Eligiendo tema


Está claro que el metro es mi hábitat natural para escribir, porque es sentarme delante del Mac y no se me ocurre nada. Mi mente es tan plana como una mesa y las ideas no aparecen. Puede ser que ya esté despierto y mi imaginación haya quedado postergada detrás de una serie de preocupaciones y tareas que me impiden pensar con fluidez. Se apoderan de mi, me roban el alma. Llama a los Geos, que estoy secuestrado y postrado en un pantano de pocos recuerdos y vagas intenciones.

Bueno, vamos al lío, a lo que he venido a escribir. Hace una semana y media escribí una nota en la cual pedía colaboración para ver que tema escogía para escribir una novela o relato largo. Los resultados no han estado mal (9 personas han respondido a mi llamamiento), pero se ha producido un empate, generando en mi persona dudas razonables. Después de pensar y pensar he decidido, ponerle plazo a la votación y explicar un poco más el tema si es posible.

Entre mis anhelos de grandeza y aspiraciones está el viejo sueño infantil de escribir una novela y publicarla. El sueño era forrarme y vivir de ello, pero la vida fácil y mi temperamento proclive al escaqueo me han relegado a una posición en donde con escribir una historia me basta. La duda surge al pensar en la historia que contar. Tengo muchas ideas en la cabeza, unas buenas y otras malas, siendo incapaz de discernirlo, y ahí es donde entras tú, lector. Tú que me aguantas por las mañanas, tardes y noches y que entras otra vez a ver si he mejorado o sigo anclado en el mismo nivel. O tú amigo, que lees por engordar las estadísticas de lecturas del blog. Indiferente me es si es por una cosa u otra, pero vuelvo a requerir tu ayuda (y está vez no es monetaria), simplemente tienes que decirme una palabra clave o un número del uno a seis.

Las opciones son:

1 – Búsqueda: ¿Que hay mejor que hacer cuando estás aburrido?

2 – Sabana: La que has liado, Petrus.

3 – Noche: Cosas que nunca me dijiste.

4 – Estrellas: Capitana Eve, hay un problema en la proa.

5 – Dioses: Cinco eran cinco los hijos de Helena.

6 – Cartas: Misivas de un loco

Tenéis hasta el próximo 30 de Junio para emitir vuestros votos mediante:

  • Respuesta en Facebook.
  • Respuesta en Twitter.
  • Respuesta en el blog.
  • SMS
  • Wahtsapp
  • Carta
  • Teléfono
  • En Persona

Una vez cerrado el plazo me pondré manos al teclado y a poner velas a la virgen ….. echadme un cable para decidir, y si ya habéis votado …. podéis volver a votar (así habrá algún voto más y superaré la barrera psicológica del 10.

miércoles, 20 de junio de 2012

Jueves 21

Puntual, como cada cinco minutos, llega el metro. Yo no espero mucho, es llegar y besar el santo. La costumbre de besar al santo me es extraña, me es indiferente, me es rara, pero será porque a mí no me gusta besar santos, ni vestirlos. Demasiados refranes con Santos. Que afortunado, tengo al que juega con la playstation sin cascos a todo volumen enfrente y al lado al afortunado poseedor de un mp3 lleno de bachata .... A veces me pregunto si la gente escuchará mis cascos, si podrán disfrutar del i'll never fall in love again de Burt Bacharac y Elvis Costello (Bso de Austin powers, nena). Espero que no moleste mucho, y mucho menos ahora que escucho Azúcar Amargo de Fey.

Cierto, muchos lo sabéis, unos cuantos lo intuís y solo unos pocos os atrevéis a decírmelo a la cara sin reíros. Soy un hortera, lo confieso. Hay cosas que escapan de mis gustos musicales, pero hay demasiadas canciones chorras que me encantan. Azúcar Amargo es una de ellas. Canción de Fey, que no sé de donde era, melodía simple y letra sencilla, de adolescente rechazada, pero orgullosa. Y no me avergüenzo (porqué estoy dormido y aún no estoy despierto). Roses, de Outcast, me devuelve un poco a la senda de la actualidad y a lo permitido.

Es jueves y sigo escribiendo en el metro como medio de hacer llevadero un viaje que aburre y me sirve para reflexionar sobre lo divino y humano, porque no sé si lo sabéis, pero soy terrenal. Si, si, podéis pensar que soy aéreo o fluvial, divino, extraterrestre, pero soy terrenal. Le he dado muchas vueltas a esa expresión que me dijeron el otro día, pensando en el porqué. Ahora eres más terrenal. No sé, yo me sigo endiosando igual que antes, no veo la grieta en mis escudos (gracias Big Bang por popularizar términos frikis por doquier) y sigo pasando de los problemas de los mortales. Arrodíllate perro sarnoso, adórame cacho carne (Bender dixit). No lo llaméis plagio, sino homenajes, que queda mucho más cool.

Hace tiempo, en mi condición de dios del trueno y del rayo (vallecano), tuve que enfrentarme en combate singular a un Dios extraterrestre. Siempre combato de forma singular, que el plural no me gusta y menos cuando es mayestático. Bueno, me enfrenté al Dios maligno cuyo objetivo era la dominación de la raza humana para evitar que fueseis obligados a escuchar a Los Manolos, Los chunguitos y las Ketchup a todas horas, porque a los marcianos les gustan únicamente los grupos lolailos que empiecen por los/las. Será por la sensación de que son muchos y cobardes, pero no tengo certeza en mis palabras. Sé que Ketama no pasó el corte. A lo que iba, me planté delante del malo ese y le dije "no me toques la moral y vete por dónde has venido. En la tierra no necesitamos dioses extraterrestres que nos sodomicen, que para algo están los mercados. Fíjate si son poderosos que los gobiernos de las naciones hablan de ellos en bajito y no se atreven a contradecirlos. Tras mi alegato, y tras ajustarse el traductor automático, me dijo.

"¿Pero tú estás tonto? Yo no vengo a conquistaros, sino a traeros el bien y la paz. Si vengo escuchando a los chunguitos es porque en la gasolinera de Plutón no había otra música. A mí me gusta Bjork, Sade y Vicki Larraz" sólo escuche el primer nombre y me lance a golpearle duramente. Primero castigué su bazo con mis nudillos, después sus puños con mis dientes, para acabar desgastando sus botas con mi estómago. La cosa no pintaba bien, me estaba haciendo mierda. Picadillo. ¿La última voluntad? Ser terrenal. Leñes, he ahí el momento en el que me convertí en terrenal. Ya está todo explicado excepto como escapé e impedí que nos subyugaran un poquito más. Ah, sí. Me levanté, le plante un beso en los morros y mientas quedaba confundido le reventé sus dorados genitales con una barra de metal que pasaba por allí. Y es que amigos, Torres más altas caen y han caído, solo tienes que saber cuál es el punto débil y aprovecharlo.

domingo, 17 de junio de 2012

Lunes 18

Un bostezo sale de mi boca en el momento en el que me siento en un banco esperando a que llegue mi tren, un síntoma evidente de que hoy es lunes y cuesta volver a retomar el ritmo normal tras el fin de semana. Estaba tan agustico en la cama, que levantarme me ha producido un shock mayúsculo y temperamental. Debería estar prohibido en la Constitución y perseguido por ley. Quedan 3 semanas para las vacaciones de verano, pero van a ser largas, pesadas y duras, como lo que escribo últimamente.

Últimamente el metro me incita a escribir, me inspira y me hace funcionar divinamente. Tengo libros y e-books por leer, tengo juegos en el iPad, tengo música molona y tengo un sueño desgarrador, pero pongo el programa y me lanzo a exponer en unos párrafos (normalmente 4) lo primero que me viene a la cabeza, ideas raras, pensamientos frikis e incluso varios momentos chill out de mi cabeza. Aunque ahora sólo pienso en cerveza, pienso en Praga, en sus calles y puentes, hoteles y estrellas, y en esas pintas que me están esperando. Estoy haciendo una lista de cervezas, para ir tachando las que vaya bebiendo. Sé que va fatal para la operación bermudas (yo no puedo hacer operación bikini porque siempre hago top less), pero tampoco es que el gel reductor de abdomen funcione muy bien. Mi novia me ha dicho que si no hago ejercicio no espere conseguir resultados, más yo sigo confiando en dicho ungüento para llegar a ser el gemelo de abdominales de Cristiano Ronaldo o, en su defecto, a ser clasificado como chico Milka por la asociación de mujeres chocolateras de Colonia Jardín.

Dejando mis anhelos de grandeza me quedo en nada, así que sigamos para bingo, ya que el metro sigue y sigue. Sigue, con pocos viajeros, aunque ruidosos. Lo de jugar a la consola con cascos no se lleva, y claro, siempre es mejor compartir la música que llevas con los demás. Con este ruido no hay quien alcance la fase 1 del sueño REM, estado ideal para componer un soneto o una balada.

BALADA DEL METRO:

Oh, metro que me llevas
Que me recoges y me transportas,
Que me cuidas sin peligro
Que llego tarde cuando te atrasas.
Metro que me subes de precio
Que reduces la frecuencia
Que pierdo la paciencia
Y en ocasiones hueles mal.
Metro que tienes doce líneas,
Tres ligeras y un ramal,
Oh metro! Eres grande
Eres duro cual animal.
En ocasiones te puedes sentar,
Estirar las piernas libremente,
Ponerte los cascos y música
Sin tener contacto con la gente.
Metro, con voz mecánica
Avisando de las estaciones
Apertura de puertas con botones
Y seguratas en los controles
Metro, eres viejo y algo canoso
Que nunca te dejas de expandir
Mientras siga pagando el consorcio
Nunca dejaras de existir.

Habría que pulirla, lo sé. Quizás meter un poco más de romance, un poco menos de acción, conseguir un poco de musicalité, pero en general me gusta, creo que puede ser un best seller en Laponia, Beirut y Katmandú. Me descojono yo solo, pero veo que me he equivocado y era Malibú. Otra vez será. Será el champagne, será el color, serán las luces de este metro, será el poder de una canción, pero esta noche, dormiría por vos.

Pues eso, que esto en vez de relatos se ha convertido en un diario íntimo por la mañana, y no pude haber algo más hortera. Ya no sé si seguir publicándolo en el blog de relatos, si crear uno nuevo (que pesado Vic, 4 blogs) o teñirme de rubio platino. Patino a veces, pero solo en ocasiones especiales. Tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo para el Rock And Roll, más de esta noche no pasa, y si no es esta noche mañana. Creo que es el momento oportuno para indicaros que hoy el sol pegará con más fuerza que nunca, así que estad bien hidratados y sed buenos y temerosos del señor.

Aprovecho para indicaros que he conseguido 9 votos para ver qué tema escojo para mi segundo intento de escribir una novela, por lo que estoy a uno del quórum necesario para poder ponerme a escribir en serio. Recuerdo que las palabras claves (y de las que hay que elegir una) son: Búsqueda, Sabana, Noche, Estrellas, Dioses y Cartas. Como veis he puesto intento, ya que hace unos 3 años y pico hice un primer intento, mas solo escribí dos días (unas 20 páginas), a ver si este intento es más fructífero.

Zombie



Jueves, 6:54. Sólo en el anden, puesto que he perdido el metro por muy poco. Afortunadamente tras esperar un minuto llega otro. Esta semivacio, mas que de costumbre. Puedo contar un máximo de 10 personas en este convoy. Entre el sueño y la cantidad de gente estoy seguro de que voy a sufrir un ataque zombie, pero gracias a Max Brooks, estoy preparado. Mi ubicación es buena, ya que estoy en el penúltimo vagón y sin nadie a la izquierda, por lo que podré escapar sin problemas y sin estorbarme con nadie. En caso de llegar al enfrentamiento físico, tengo el iPad que me puede servir bien como escudo bien como arma (rezo por la solidez de los productos Apple).

Aunque puede que este equivocado y que el yo sea el zombie. Al fin y al cabo, a estas horas de la mañana me muevo por impulsos mecánicos sin tener la menor consciencia de lo que hago. Si, cierto, escribo. Eso me provoca una leve actividad neuronal, pero tampoco necesito mucha para escribir unos párrafos con lo primero que me viene a la cabeza. Mis constantes vitales no se alteran y mis párpados pueden llegar a cerrarse. Soy un zombie que repite sus pasos todos los días, siguiendo el mismo ritual. Soy rutinario.

La verdad es que un ataque zombie nos sacaría de la crisis, por lo que sería muy positivo. Provocaría una disminución de la población muy importante. Yo creo que si sobrevive un 5% podría considerarse un éxito, y desde ese punto volver a desarrollar un sistema económico mas viable. Habría que convivir con auténticos estados zombies y la ONU se convertiría en la ONNZ (organización de las naciones no zombies). ¿Me preocuparía la prima de riesgo? No, me preocuparía que mi prima la zombie me acorralase en alguna esquina. No seria nada nuevo para mi, puesto que ya lo hacia antes para quitarme la paga o descargar sobre mi su justa ira, pero antes si me mordía lo único que tenía que hacer era ponerme la vacuna antirrábica.

Un mundo zombie, que bonito. Es el lugar ideal para que surja el amor. En todas las películas, series y cómics de zombies surge el amor. Todo lo que necesitas para sobrevivir en un mundo devastado por la plaga de comecerebros es eso, una razón para seguir luchando. Es muy fácil enamorarse, hay que pensar que lo mismo no hay mas supervivientes, así que es esa chica o chico que te has encontrado en la gasolinera o pasar sólo el resto de tus días (u horas, dependiendo del caso). Es imposible que encuentres una súper modelo o un actor de películas de acción, pero es lo que hay. Lo dejas o lo tomas, sin vuelta atrás.

Son relaciones preciosas las surgidas al calor de una catástrofe así. Todo el día juntos, espalda con espalda, protegiéndose mutuamente. Precioso. Eso si, en esa relación puede haber un máximo de una discusión, bien porque todo el mundo va armado hasta las trancas bien porque la discusión sea sobre si estas infectado o no. Ambas situaciones acaban con una ruptura rápida, si es dolorosa o no dependerá del arma utilizada para seccionar. Es una pena que no tengamos todos una katana en casa.

En fin, que un mundo zombie nos plantea una serie de ventajas que deben ser consideradas, ya que mejoraría la competitividad de la economía española y mundial (menos gente, menos competencia) facilitaría las reformas constitucionales (para impedir que los zombies puedan votar y evitar tener un presidente zombie; aunque fuese más eficiente queda mal) y a ti, que no te comes una rosca, te pondría de number one en el mercado de la carne.

jueves, 14 de junio de 2012

Viernes

Repasando lo que he escrito en el archivo he descubierto que lo que escribí ayer de los zombies ha desaparecido misteriosamente. Lo tengo guardado en el blog, por lo que no hay problema, pero no deja de alarmarme que mis pensamientos sobre una epidemia zombie hayan sido censurados por mi subconsciente. Creo que mi mente sabe algo más de ese tema, pero no he de repetirme, ni de estresarme; es hora de escribir.

Mientras camino hacia el metro mi cabeza va dando vueltas y vueltas al tema sobre el cual voy a escribir, pero es sentarme en el asiento y desaparecer esas ideas, se ven reemplazadas por unas nuevas, más frescas, con más estilo, más acordes a la mentalidad europea. Si, lo reconozco, hoy no se me ocurre nada. Nada de qué hablar, nada que decir, nada porque es viernes y los viernes la mente se concentra únicamente en el objetivo de salir de trabajar e iniciar el fin de semana.

Mañana, sábado, día de descanso, de tocarse la barriga, de descansar plácidamente y de limpiar la casa. En esta vida moderna, llena de estrés, los fines de semana toca hacer la cama, barrer, limpiar el polvo, comprar, fregar, planchar y demás tareas hogareñas. Todos tenemos nuestras preferidas y nuestras bestias negras. Todos lo posponemos 5 minutos más. Todos queremos vivir en una casa lo más grande posible hasta que toca ponerse a limpiar. Así limpiaba, así, así. Así limpiaba, así, así. Así limpiaba el Tito Vic.

Me he puesto algo de música para inspirarme, pero se me ha olvidado que produce el efecto contrario, porque me centro en lo que escucho "tell me when it hurts" Garbage. Me pone melancólico, triste, se me tuerce el gesto y no me respiro, por lo que he cambiado de canción y hago recomendación. Chichi Peralta (si, se llama Chichi) y su "amor narcótico". Fue batería con Juan Luis Guerra y los 4 40, pero se independizo y poco más se de él (¿Me estaré equivocando de blog? Aprovecho para hacerme autopiblicidad de "más de 1.000 canciones"). Si, la canción es mala a más no poder, pero el vídeo es peor aún. No es una canción para alegrar un viernes (ni un lunes), por lo que voy a ver si os recomiendo algo más potente y dedicado a este magno día. Queen es una apuesta segura para sentir la energía, pero es muy sencillo recurrir a ellos. La solución ha aparecido, como siempre, de dar al orden aleatorio a las canciones del iPad. One way or another de Blondie suena en mi cabeza ... De una manera u otra voy a pasar este viernes porque soy un champion of the mundial world. Es una traducción libre, pero a mí me vale. Si no te vale a ti es tu problema; contacta conmigo para asesorarte un poco en temas musicales, bancarios, barriobajeros, estéticos o de transportes.

Bueno, va siendo hora de despedirse, por lo menos hasta la semana que viene, pero no sin decirnos que: Era una tarde de Abril, con viento de primavera, juntos fuimos hasta allí, a regar todo lo nuestro (no lo entiendo y me lo he inventado) Era como empezar, a sentir lo que hoy siento, pon tu mano junto a mí, ahogándose en el tiempo. Necesito respirar, descubrir el aire fresco y decir cada mañana que soy libre como el viento (aquí en .... Mi lugar de trabajo que rima con fresco, pero que por motivos contractuales no puedo indicar).

martes, 12 de junio de 2012

Miércoles interactivo

Que majo el Sr. Metrero, que hoy me ha esperado. He visto el tren a lo lejos y he pensado que no llegaba, asi que, con calma, he ido andando tranquilamente, bajando las escaleras del metro andando, sin correr, y mirando con la tranquilidad en mis ojos. Eso si, cuando estaba a punto de entrar, ha sonado el pito y he tenido que pegar un salto para no quedarme fuera. Lo importante es que aquí estoy otro día más, camino del trabajo, con un iPad en las manos y un poco de sueño.

Lo del sueño es algo típico, por lo que no merece la mayor importancia. Lo del iPad, algo normal que no airearé mucho para no molestar a los no creyentes en Apple. De mi trabajo hablo largo y tendido en mi obra "mi vida en el trabajo. Reflexiones y ambiciones de un superstar". Se me han acabado los temas, estoy ante el bloqueo del escritor. Bueno, menos mal que tengo una aplicación en mi iPad que me da ideas para escribir (no me imagino a ningún escritor haciendo esto, pero como no soy escritor me vale).

Toma, me da cinco palabras: Estatua, guerra, curiosidad, avaricia y llave. Puede que la curiosidad de un personaje frustrase la avaricia de otro en una guerra y gracias a eso de pusiesen una estatua y le entregasen las llaves de la ciudad. Bah! Esta lleno de tópicos y de prejuicios. Apostar a lo barato en literatura se paga con la muerte. La muerte literaria, no vayáis a pensar que me dedico a ir por las casas de los escritores armado cuchillo en mano y dando la puñalada por respuesta. Podría seguir la moda y hacer novela erotica femenina, que es lo que esta de moda. Se ha pasado de las novelas rosas a las novelas porno para mujeres, era un nicho de mercado sin cubrir. Los hombres ya teníamos buena literatura de ese estilo: Playboy, penthouse, etc. Otro topicazo. Estoy que me salgo esta mañana. También me caigo de sueño, pero es lo natural.

Ahhh, que idea (mala idea, chico tiene mucha idea). Es brillante y a la par escalofriante. Sirve para medir el grado de lectura de estas letras porque es interactiva y nada pasiva. Requiere, eso si, una respuesta por parte del lector, aunque no cuesta nada. Es más, se me ocurre un método para que ni siquiera tengáis que pensar mucho. Bueno, lo primero, la idea. Igual que la aplicación, yo voy a escribir 6 palabras. Cada palabra corresponde a una idea para un relato/novela que tengo ya pensados. Lo que tenéis que hacer es simplemente votar por la palabra que más os guste y así, cuando me ponga a escribir, sabré que algún interés ha generado y que, por tanto, merece la pena ser escrito. Las palabras son:

1 - Búsqueda
2 - Sabana
3 - Noche
4 - Estrellas
5 - Dioses
6 - Cartas

Así pues, ya sea respondiendo por Mail, SMS, whattsapp, comentario en el Facebook o en el blog, charla entre cervezas o nota anónima amenazadora en mi buzón, lo único que os demando es que me digáis un número o palabra. Si no os decidís por ninguna, muy sencillo. Coged un dado de seis caras (de los de toda la vida. Del parchis, la oca, el risk, zombies) y tiradlo. Obtendréis un bonito número que si no os gusta podéis cambiar, ya que no voy a estar delante cual notario.

Uys, hoy me he pasado. Sigo escribiendo cuand son las 7:19 y ya he pasado la frontera de Puerta del Sur.voy a ver si escucho algo de música, que sino no llego a trabajo con las pilas puestas. Saludos.

lunes, 11 de junio de 2012

Tarde




Es imposible concentrarse por la tarde en el metro. Parece como si el traqueteo del vagón sonase mas fuerte y, además, hay multitud de conversaciones que impiden la concentración. Cuando intentas inspirarte es cuando mas te das cuenta de ellas: "¿no te habrá llamado la loca de Marina?" "siéntese aquí. No, que me bajo en la próxima. Insisto". Cada nueva estación es un vaivén de gente entrando y saliendo. Ruido y mas ruido. El calor aprieta y me quito la americana. Un par de muchachas jóvenes se ruborizan al ver mi pequeño strip-tease. Mala suerte chicas, estoy pillado.



El aire acondicionado no funciona como debería e inunda todo el convoy de un aire infernal mientras que, mecánicamente, van sonando las estaciones. Juraría que por la mañana no suena. Empiezo a pensar que estoy muy dormido a las 7 de la mañana. A lo lejos, 3 filas de asientos mas allá, un par de abuelas hablan de lo que hicieron el día anterior y que vieron el partido. Me niego a seguir escuchándolas, prefiero pensar que la civilización aun tiene salvación. Se bajan y menos mal. Enmudece el ambiente, hasta que entra un joven escuchando música. El volumen debe estar alto, porque escucho nítidamente el bakala-chungui que lleva, pero otra vez el ruido infernal de las ruedas realiza su función y vuelvo a no poder concentrarme.

El joven se aleja y dejo de escuchar la música. Pisadas; la gente entra y sale, pero o mío es seguir. Asándome de calor, que horror. Caigo en la cuenta de que las jóvenes siguen acaloradas, por lo que no debí ser yo el causante de sus suspiros. Me da igual; es mi relato y cuento lo que quiero, mas meter un club de fans histéricas sería demasiado transgresor y todos sabéis que soy clásico. Tan clásico como la mahou clásica, aunque me guste mas la cinco estrellas.

Apago el cerebelo unos pocos segundos tratando de pensar en nada, de pensar en blanco, de pensar en las cosas buenas de este día. Poco saco en claro, ya que casi todo está oscuro, negro como mi alma carcomida por la avaricia y el mal de Bruce Harper. No soy el mejor, pero soy vital para que todo salga bien en cada momento. Soy la caña, soy candela, soy un hombre que se derrite en este vagón. Ya que han subido los precios podrían subir el aire acondicionado. Me encuentro hoy reivindicativo. Abajo el capital, viva el mal. Welcome de nuevo a la edad media. ¿Porque no se me habrá ocurrido antes aflojarme la corbata. Con un poco de respiro he vuelto a ser un cordero directo al matadero. Allí nos veremos todos y no en medio del lodo.

Uff, que productiva es esta segunda parte del metro, la que suelo aprovechar para escuchar música y dominar el mundo (virtual). Debería hacerlo al revés, primero música y después escribir, aunque perdería toda su gracia. No la tiene. Levantarse pronto es una mierda que solo me da dolores de cabeza y sueño a horas tempranas, acabando en la cama a las primeras de cambio, pero es mi vida, es mi suerte, mi perdición y mi Apocalipsis now. Parece que ya llego a Puerta del Sur, el cambio de líneas y cambio de roles, el cambio de mente. Soy como el perro de Paulov, llego a esa estación y is oídos me piden escuchar algo de música. Así pues me despido hasta la próxima mañana que vaya en metro y con el iPad.

Lunes


Vuelvo otra vez a plasmar mis ideas en un folio vacío, esperando que, sin red ni guión, las musas me acompañen en el trayecto que lleva desde mi parada a mi destino, como no podía ser de otra forma. Todos tenemos un inicio y un destino, un lugar al cual llegar. Aunque muchos no queremos llegar.



El viaje, como de costumbre, empieza con una carrera para conseguir subirme al metro. Es de cobardes, sin duda, pero no me gusta esperar en el anden. Me pone nervioso ver como pasan los minutos y se acerca la hora de que llegue el nuevo convoy. Lo hacia cuando era tiempo estimado en paneles analógicos y ahora, aún siendo paneles digitales con un porcentaje de acierto del 99,9 %, sigue pudriéndome estar en un anden quieto sin hacer nada. 


Es como decía el lema olímpico, tanto en la vida como en el deporte. Me aburre estar quieto, esperando y esperando. No me gusta el viaje, ni el esfuerzo de hacerlo. Me importa el destino, el fin, el se acabo, el ying, el tofee y, sobretodo, el hay esta tu paga por otra dura jornada laboral en la fábrica de municiones. 


Me gustan los finales felices, aunque no los de las perdices; la vida enseña que esos no existen. Menos mal, porque no todos podemos ser reyes, príncipes, ricos y con éxito, prefiero ser buena gente, prefiero ser corriente y moliente, ser uno más de la marea humana que sabe donde está hoy y donde quiere estar mañana, aunque el viaje sea tedioso, la espera angustiosa, que sean las 7:00 y yo sin despertar.

jueves, 31 de mayo de 2012

Miércoles

¿Cómo es posible que aún habiendo dormido mas que otros días tenga sueño? Sueño, bostezos, párpados con flojeras. Me volvía ahora mismo a la cama y me quedaba tan ancho, pero es Miércoles y aguarda una nueva mañana en la que mostrar mis credenciales una vez más. Es curioso que no haya tenido problemas para levantarme, sin embargo ha sido sentarme en el metro y entrarme la modorra y las ganas de tumbarme. Podría hacerlo, sin problemas, ya que en este vagón tan solo vamos tres personas (dos tras la parada en Cuatro Vientos) y hay sitio suficiente para hacerlo, pero claro, rompería las reglas sociales y arrugaría el traje. Será mejor que siga los dictámenes de la razón. Para colmo me acaba de entrar un ataque de estornudos, maldita alergia. En esta época de año, cualquier estornudo se ve como alergia, pero hay que tener cuidado con el aire acondicionado, que es letal y maligno, un aparato creado por el diablo para congelar las ideas y los corazones. Arriba los corazones y abajo los pantalones. Pantalones largos, que con este calor me aso. Y encima llevo traje. Por decoro y por decencia (y por estilo), hasta Junio me he prohibido a mi mismo ponerme camisas de manga corta, pero empieza a apretar el calor y mi fe y determinación se ven sometidas a una dura prueba. Se que no superaría el desafío Rexona y que fuí descartado para ser el hombre AXE, pero día a día paso la prueba. Espero que hoy no llueva, aunque tiene toda la pinta. Puerta del Sur. El límite establecido para dejar de escribir y ponerme a leer. Las normas y reglas están para cambiarlas al antojo del consumidor en cualquier momento, pero creo que hoy las cumpliré. Son las 7:12 e intento sentarme. 

viernes, 25 de mayo de 2012

Viernes

Desperezándome cual autómata me encuentro en estos momentos. Los párpados van, poco a poco, cogiendo fuerzas y consistencia, levantándose cada vez más tiempo. Mi mente va formando palabras y creo que ya soy capaz de formular frases con sentido. Levantarse hoy ha sido duro. 

Siempre lo es, puesto que la paz que se consigue durmiendo es difícil de alcanzar, pero los viernes es mucho más duro, porque si bien es cierto que la perspectiva del fin de semana esta presente, el cansancio acumulado hace mella en mí. Las pocas fuerzas que poseo a estas alturas de la semana me sirven para cumplir, pero nada más.

La música me sirve para ir cogiéndole el pulso al día, para que mis neuronas se activen y se pongan a trabajar en la misma dirección. Es interesante que a estas horas de la mañana sea más exquisito que de costumbre y me cueste encontrar canciones que me pongan de buen humor y nivelen mi karma. 


 Las legañas son compañeras de viaje normalmente hasta Leganes. Ya lo he vuelto a hacer, he vuelto a recurrir a la broma fácil, la rima tonta y al chocolate espeso. Se nota que aún no estoy al 100%. Tal vez podría decirse que estoy a un 45% y subiendo, pero sería sobrevalorarme, pues el esfuerzo que realizo es mínimo; suelto las palabras según llegan y ya está, sin preocuparme de nada más. Eso es lo que hago siempre, ya que el concepto de reescribir quedo aparcado junto a superstar de la canción, deportista de éxito y gígolo de lujo en Moscú. 

Es viernes, 7:20, y mi cabeza solo piensa en las fajitas que voy a comer y en un circuito de Spa ... Y en las interminables 7 horas que quedán para que todo ello suceda.

jueves, 24 de mayo de 2012

Jueves 6:49



Jueves, 6:49 de la mañana. Un joven se dispone a coger el metro. Es apuesto, simpático, amable y un poco pendenciero. A su lado uno no tan joven escribe con su iPad. Esta segunda persona ya peina canas, y escucha música mientras intenta componer un relato o similar con el traqueteo del tren. Traqueteo; bonito palabro.

Esta medio dormido y no tiene ganas de ponerse a trabajar en un rato, pero ha de hacerlo, como todos los días. Aun sigue teniendo dificultades para acostumbrarse, pero una mañana más seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer: escaquearse.

El vagón esta casi vacío, con poca gente y muchas caras de cansancio. No se oye nada mas que el ruido del metro. Ni una conversación, ni risas, ni nada de nada, salvo la voz metálica pregrabada anunciando las estaciones sin ningún entusiasmo. La mayoría de la gente no siquiera mira al resto, simplemente miran al suelo sin ninguna intención de cruzar su mirada con la de otro, sin generar contacto social. No les importa, nunca les ha importado.

Avanza el metro y por ello esta más cerca de la rutina, del caos, la desesperación y de todo lo que le rodea. Ea, ea, ea, el no tan joven se mosquea. Llega el cambio de línea y se levanta con lentitud, pensando en que en el siguiente vagón en el que entre no tendrá asiento para seguir escribiendo. No pasa nada, leerá un poco y ya está.

Su único consuelo a estas horas de la mañana es que tan solo le queda un madrugón para irse de viaje a Valdepeñas, a ver Almagro, a disfrutar de un SPA en compañía de su pareja. Aunque hoy, como de costumbre, le quedan mínimo 7 horas (bastantes más, que empieza a firmar hipotecas a las seis de la tarde) en las que deberá seguir demostrando porque es el mejor.

viernes, 6 de abril de 2012


   Puedes haber leído multitud de ensayos, artículos y tratados de psicología, pero nunca sabrás lo que es no poder decir que no si no tienes ese problema. No poder hacer frente a ninguna disyuntiva puede llevar a un ser humano a lo más alto o a la ruina más espantosa. Yo he estado en ambas situaciones y os aseguro que ninguna de las dos os interesa.

   Soy perfeccionista, detallista e incapaz de decir NO. ¿Quedamos para jugar un partido de tenis? ¿Estarán a tiempo esos informes? ¿Me llevas al supermercado? ¿Le importa hacer un par de horas extras? ¿Te gusta mi vestido? ¿Crees que la conquistaré con el rollo macho ibérico? Si, si, si, si, si, si. A pesar de que mi cerebro sabe que no podré jugar al tenis si tengo que hacer horas extras, que los informes no saldrán, que el supermercado cierra a las ocho y el tenis es a las ocho y medía, que el vestido de flores es horroroso y que una chica sofisticada no va a caer ante un Alfredo Landa en el siglo XXI, mi intolerancia a los conflictos y mi afán de agradar me obligan a tener una refuerzo positivo a todas las preguntas que me realizan a lo largo del día.

   Como os he dicho anteriormente, eso me ha hecho estar en la cima y en la ruina, aunque no tendría que haber sido en ese orden. Mí SI siempre se vio en el ámbito empresarial como positivismo y energía, puesto que no existía ningún reto o trabajo lo suficientemente duro para mí. Donde otros flaqueaban, yo aportaba. Terminaba los trabajos más complicados, resolvía los problemas ante los cuales otros desfallecían y las alabanzas y loas llenaban mi orgullo y mi cuenta corriente. Sentimentalmente conseguí el cariño y el amor de una magnífica mujer y nuestra relación se hizo fuerte por mi apoyo total.

   Lo malo del éxito es que es una montaña rusa, y a pesar de mis esfuerzos, de mi capacidad de trabajo, de sonreír y de no decir nunca NO, la acumulación de tareas hizo que mi salud se fuese debilitando. Llegó un momento en que los picos de trabajo no eran temporales y mi relación sentimental requería cada vez más tiempo. Para no tener que elegir, cosa que para mí era imposible, tuve que recurrir a ayudas externas, aunque eso solo acrecentó el problema.

   La dinámica de mi vida era cada vez más intensa, pero pensé que todo se arreglaría, como siempre, con mucho esfuerzo y por si solo. Así sucedió. Un buen día al volver a casa me di cuenta que faltaba toda su ropa y sus fotos. Debió haberlo hablado conmigo, puesto que yo no la hubiese dicho que no a nada. La hubiese dicho que iba a dejar de trabajar hasta las once, que íbamos a pasar más tiempo juntos y que volveríamos a tener fines de semana especiales. Fue un alivio pensar en el esfuerzo que me iba a ahorrar.

   También perdí el trabajo. Los resultados que obtenía cada vez eran peores por las prisas, por la saturación y porque seguía pensando en ella. Mi último día recogí todas las cosas y fui saludando a mis antiguos compañeros. No te rindas. Tú puedes. Mucho ánimo. Si necesitas algo tienes mi número. A todos ellos les dije que si, aunque por primera y última vez, solo lo decía por compromiso.



domingo, 19 de febrero de 2012

Laurita



Era tan sólo un niño cuando conocí a Laurita y al verla ya sentí algo muy fuerte dentro de mí. No sé si fueron sus coletas, sus ojos claros o la mantequilla del desayuno, pero no pude aguantar la presión y tuve que ir al servicio. Al volver a clase, me había robado el sitio: ésa fue la primera vez que me lo hizo y lo recibí como una cierta agresión.

Los recuerdos de aquella época se desvanecen en mi memoria, pero sé que disfruté mucho en la escuela. Aprendí, me reí, estudié y llegué a ser considerado un buen alumno. Sin embargo, nada de lo que hacía me acercaba a Laurita, de la cual me separaba un abismo, ninguno de los dos podía romper la barrera de la timidez ni nos dimos la oportunidad de comprobar cuán parecidos éramos.

Después de clase, yo tenía inglés, guitarra y entrenamiento de fútbol y ella tomaba clases de ballet y una actividad indeterminada, ya que las veces que la seguí me encontraba con algún compañero por el camino y la persecución acababa instantáneamente sin descubrir qué hacía en ese local, detrás de los recreativos.

Así pasamos unos años hasta que dejamos la E.G.B. y emigramos a un instituto. Puesto que por aquella época las clases en la educación pública eran de cuarenta niños por aula, sabiamente, mis padres me enviaron a un colegio privado para que recibiese una educación más personalizada. Si bien fue muy doloroso para mí por el hecho de que la mayoría de mis amigos iban al instituto público, al menos, seguía estando con Laura. Ya no llevaba coletas, sus ojos seguían siendo claros y yo estaba colgado de ella. El otro factor que no variaba era su desprecio hacia mí. Yo no era un atleta, ni un chico popular ni un chico malo y su interés hacia mí no era nulo, sino negativo. Algunos lo atribuían a que le molestaba que le tirara de sus preciosas coletas, algo que, en realidad, eran torpes intentos de galantería infantil.

Así que el instituto fue una época difícil para mí, Laura sí era popular e infundió falsos rumores, diciendo que yo era rarito, friki y perdedor. Lo que más me dolía era que su tremendo éxito me dejaba en un segundo plano hasta que, lentamente, pasó del desprecio a la indiferencia, lo cual me posibilitó conocer a gente, formar un nuevo grupo de amigos y llegar sin muchos sobresaltos a la universidad.

La universidad fue el principio de mi nueva vida alejado de mis amigos y de Laura. Gracias a una nota patética en la selectividad, acabé haciendo Historia del Arte a más de 150 kilómetros de mi casa. Mis padres no podían costearme la estancia, así que tuve que trabajar como recadero, como administrativo y, cuando acabé la carrera, como responsable de Recursos Humanos de la empresa.

No me quedé quieto, ése era un campo que me apasionaba y me matriculé en varios Masters para completar con formación mi experiencia. Cambié un par de veces más de empresas hasta que llegué a una multinacional como responsable nacional y todo fue bien hasta que volví a encontrarme con Laura.

Llevaba el pelo corto, los ojos parecían menos claros detrás de las gafas de pasta de diseño italiano, pero la reconocí nada más entrar por la puerta. Pudo influir que leyese su nombre en el dossier para los candidatos a un puesto directivo e insistiese para realizar yo la entrevista. Ella no me reconoció e incluso no consiguió ubicarme, lo cual me alteró profundamente.

No me acuerdo de lo que pasó después, pero la demanda por acoso y amenazas acabó con mi carrera. Afortunadamente, fue desestimada por falta de pruebas y la empresa se vio obligada a indemnizarme. Seis cifras, ninguna orden de alejamiento. Esta terapia es por voluntad propia. Que conste en acta.

Así que este es el resumen de los acontecimientos por los cuales he llegado a donde estoy ahora, causantes o no de que cada vez que veo a una chica con los ojos claros me asalte una sensación de intranquilidad que me hace seguirla y espiarla, pero que me impide hablar directamente con ella. Incluso ahora, que intento explicarle a Laura como me sentía y cómo me siento, vuelve aquella presión y he de hacerlo hablando a un grupo de personas que no conozco ni me interesan.