jueves, 27 de octubre de 2011

Encuentro



Caminaba absorto en mis pensamientos cuando de repente y sin previo aviso apareció ante mí un objeto de proporciones muy pequeñas y de una piel muy suave. El objeto se podía abrir y en su interior tenía pequeños compartimentos que albergaban papeles y plásticos, pero lo que me hizo saber que objeto era aquel fueron las dos fotos de dos bebes detrás de una lamina plastificada; si amigos, se trataba de una cartera.

No había entre todos esos papeles ningún dato que me ayudase a encontrara a su dueño, ya que tenían información confusa y dudaba si era 4B, VISA, ATLETICO DE MADRID o SALUD MADRID. Seguí rebuscando en busca de más información para poder hacer lo que yo quería, devolver al pobre ciudadano su cartera y encontré unas hojas azules y naranjas con signos raros, unos puentes, mapas del tesoro y pegatinas brillantes. Deducí por ello que se trataba de la cartera de un niño que estaba haciendo una colección nueva. Que recuerdos de mi infancia.

Por un momento perdí el interés en aquella cartera y me vinieron a la memoria las tardes jugando a las canicas, a las chapas o cambiando cromos. Aquellas tardes que no acababan nunca, salvo aquella vez que me tuvieron que llevar a urgencias por una pedrada malintencionada. No perdí demasiada sangre.

Volví a la investigación de la cartera, encontrando un par de tarjetas de visita y un número apuntado en una servilleta. Sin duda se trataba de una secuencia numérica de gran importancia, puesto que estaba dividida en en cuatro subgrupos de números, conteniendo el primero tres y los siguientes dos. Los sumé, los resté e incluso los alineé por orden alfabético, pero la clave se me resistía. Pedí el interés al encontrar un plástico que ocultaba algo.

Era un plástico cuadrado y muy fino que contenía en su interior una forma redonda con borde pronunciado. Estuve tentado de abrirlo para saber que contenía, pero una advertencia en el envoltorio me hizo parar. CONTROL.

Seguía sin pistas fiables y sin ideas sobre la resolución de aquel misterio tan inquietante, así que opte por hacer lo que me enseñaron de pequeño: En la vida hay dos clases de misterios, los que tienen solución y los que no. Los que tienen solución no son misterios, ya que sabemos que tienen solución y los que no … los que no se resuelven fácilmente. Tiré todas las cosas de mi cartera y me fui contento a casa con mi nueva adquisición. 

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