domingo, 30 de octubre de 2011

Matías




Una calurosa mañana de domingo Matías se encaminaba a su puesto de trabajo, a su nuevo puesto. Gracias a su hermana y a unas pequeñas mentiras en su curriculum había conseguido una plaza en una agencia de cambio de moneda en el aeropuerto de Barajas, justo en la terminal 1. Se encontraba contento, pues su labia y buen hacer le habían conseguido una buena jornada y buen salario, o eso era lo que creía él.

Confiado en su nivel de inglés se presentó en su puesto de trabajo cinco minutos antes de su hora, lo cual causo un poco de malestar en su compañera de trabajo, Claudia, quien le recriminó que no iba a tener tiempo para explicarle el funcionamiento del puesto.

    • Tranquila, guapa – Dijo Matías –, ya me han enseñado cómo funciona el sistema operativo y se cambia la moneda. No es complicado.

Claudia llevaba un año y ocho meses trabajando en aquella ventanilla y en aquel tiempo había tenido multitud de compañeros; algunos majos y otros antipáticos, algunos listos y otros demasiado listos, algunos alegres y otros soseras, pero a todos les había calado bien y pronosticado cuánto durarían en aquella ventanilla.

    • Un día – Dijo Claudia.
    • ¿Perdona?
    • Digo que hace un día estupendo.

Así pues, Matías abrió su puesto y atendió a su primer cliente, un inglés muy correcto que cambió 500 libras. Sencillo, muy sencillo. El segundo cliente no fue tan sencillo.

    • Disculpe caballero, no le entiendo.
    • Dice que si cambiamos Kunas por Euros – Terció Claudia
    • ¿Que es eso de la Kuna?
    • A ver, alma de cántaro – Dijo Claudia con un poco de abatimiento – Abre ese cajón y coge la chuleta de Raquel. Las monedas están colocadas por el país y las ilustraciones te serán útiles para diferenciar los billetes y que no te engañen, mucho más que la pantalla del pc. Dile que pase por mi ventanilla.
    • Muchas gracias y disculpa. No sé hablar croata – Indicó tras ver que la Kuna era la moneda nacional de Croacia.
    • Yo tampoco, Matías, pero da la casualidad de que estaba hablando un perfecto alemán ¿No sabes alemán?

En teoría y según su curriculum Matías hablaba español, inglés, francés y alemán, con conocimientos de Ruso e Italiano. Realmente sabía hablar español e inglés. Creía hablar algo de italiano de unas vacaciones, aunque lo único que hacia es acabar las palabras en ani y ene.

    • Perfectamente. Estuve tres años viviendo en Salzburgo – dijo sin ruborizarse – Estoy un poco nervioso al ser mi primer día.
    • Pobre – Dijo Claudia mientras maldecía su mala suerte por tenerle como compañero ese día. Afrontó la situación y tomo la única alternativa que tenía – los chungos pásamelos a mí.

Desde aquel momento, Claudia atendía a los clientes que no hablaban inglés y Matías al resto. Y todo iba bien, era sencillo. Una vez más se había aprovechado de su extraordinaria inteligencia para salir airoso del trabajo. Al cabo de un rato le tocó el turno a un hombre alto, con ropa vaquera, sombrero vaquero y espuelas que parecía sacado de cualquier película de Clint Eastwood.

    • Want to change dollars to euros 200
    • Here they are – Matías le entregó el cambio de los 200 dolares.
    • Thanks.

Mientras guardaba los dólares en el cajón, Claudia le miró para hacer un comentario sobre aquel espectáculo andante.

    • Hay muchos personajes así. Ese es de los menos pintorescos.
    • Si, pero los billetes son nuevos y tienen una leyenda extraña al lado del BANK OF AMERICA. “Estos billetes no son de curso legal”
    • ¿Cómo? - Claudia se revolvió en su asiento – Dejame verlo.

Tras examinar los billetes comprobó que eran de “EL PALE”, un juego de tablero donde los dolares eran la moneda de cambio. Cogió el teléfono y llamó a la policía, pero de aquel hombre ya no quedaba ningún rastro.

    • Es increíble, con lo llamativo que era el cabrón.
    • También era evidente el engaño y no lo has visto, Matías – Claudia se empezaba a poner nerviosa, puesto que el problema podía afectarla de refilón – Estate más atento.
    • Eh, tranquila. Que tampoco es para tanto. Que yo también estoy fastidiado por trabajar en domingo, ayer no pude salir.
    • Me importa muy poco si saliste o no, pero procura estar atento. Recuerda lo que te enseñaron en el curso.

Matías tuvo un flash back en aquel momento y se vio a si mismo en el curso de identificación de monedas y lo aburrido que fue. El truco del papel fue el único que le vino a la cabeza, así que se propuso emplearlo con el siguiente cliente.

    • Llama a la policía Claudia, que este billete no destiñe. Querías engañarme, ¿eh?
    • Debe tratarse de un error caballero – Dijo el hombre nervioso.
    • Si, un error ha sido intentar engañarme. Y la policía esta cerca, por lo que no podrás huir.
    • Caballero, le digo que se trata de un error.
    • Que vergüenza. Mete un billete de 50 dolares falso en un fajo de 2.000 dólares – Matías decidió salir de su ventanilla con intención de inmovilizar al caballero trajeado si pretendía huir.
El caballero trajeado, viendo que Matías salía de su ventanilla con cara de pocos amigos retrocedió un par de pasos, tropezando con una maleta y cayendo al suelo. Matías se acercó a él y le puso la pierna cerca de la garganta.

    • Como te muevas te enteras.
    • ¡Matías! - Grito Claudia – Deja de hacer el tonto, que ya viene la policía Ese no es tu trabajo.
    • Escoria como usted es la que me pone enfermo. Un vago, maleante, ladrón, embustero. Aquí viene la policía

Los policías observaron la situación y levantaron al caballero, llevando a Matías a un lado, reprochándole su actitud.

    • Hace un momento otro estafador nos la ha jugado y si hubieseis estado más rápidos no se hubiera escapado.
    • Mira listillo – Le dijo el agente más joven a Matías – derribar a alguien es delito, así que no te pongas gallito o te vienes con nosotros. Reza porque el caballero no te quiera poner una denuncia.
    • Que miedo me da – Dijo Matías El asunto había causado gran revuelo en la terminal y bastantes curiosos.

Para desilusión general el caballero no fue llevado a comisaria; simplemente le tomaron los datos y le dejaron marchar. Apercibieron a Matías y le hicieron saber que no iban a tolerar más escándalos.

    • No sé qué les das Matías, pero yo en casi dos años he detectado tres billetes falsos. Tú has detectado uno y te han metido cuatro.
    • Creo que tengo la negra – Y cuando fue a mirar a su nuevo cliente vio que tenía delante de él una persona de color - Good morning, can i help you – la muchacha no dijo nada, simplemente se limitó a mirarlo intensamente – Claudia echame una mano que seguro que no se hablar nada que hable esta.
    • Mira, pedazo de anormal – Dijo la muchacha – No sé cual de tus comentarios me indigna más, pero para tu información soy del barrio de Chamberi y quería cambiar 200 dolares a Euros, pero ahora quiero una hoja de reclamaciones, racista.
La gente que estaba esperando comenzó a causar un gran jaleo y no tardó en presentarse la pareja de policías nacionales que habían acudido anteriormente. Tras unos minutos de tensión y tras unas disculpas más que obligadas se despejó la zona. Matías decidió que había tenido bastante, que esa profesión conllevaba demasiado estrés, por lo que a mitad de su jornada abandonó el puesto de trabajo dejando a Claudia sola. Ella lamentó haber fallado en su previsión.

jueves, 27 de octubre de 2011

Encuentro



Caminaba absorto en mis pensamientos cuando de repente y sin previo aviso apareció ante mí un objeto de proporciones muy pequeñas y de una piel muy suave. El objeto se podía abrir y en su interior tenía pequeños compartimentos que albergaban papeles y plásticos, pero lo que me hizo saber que objeto era aquel fueron las dos fotos de dos bebes detrás de una lamina plastificada; si amigos, se trataba de una cartera.

No había entre todos esos papeles ningún dato que me ayudase a encontrara a su dueño, ya que tenían información confusa y dudaba si era 4B, VISA, ATLETICO DE MADRID o SALUD MADRID. Seguí rebuscando en busca de más información para poder hacer lo que yo quería, devolver al pobre ciudadano su cartera y encontré unas hojas azules y naranjas con signos raros, unos puentes, mapas del tesoro y pegatinas brillantes. Deducí por ello que se trataba de la cartera de un niño que estaba haciendo una colección nueva. Que recuerdos de mi infancia.

Por un momento perdí el interés en aquella cartera y me vinieron a la memoria las tardes jugando a las canicas, a las chapas o cambiando cromos. Aquellas tardes que no acababan nunca, salvo aquella vez que me tuvieron que llevar a urgencias por una pedrada malintencionada. No perdí demasiada sangre.

Volví a la investigación de la cartera, encontrando un par de tarjetas de visita y un número apuntado en una servilleta. Sin duda se trataba de una secuencia numérica de gran importancia, puesto que estaba dividida en en cuatro subgrupos de números, conteniendo el primero tres y los siguientes dos. Los sumé, los resté e incluso los alineé por orden alfabético, pero la clave se me resistía. Pedí el interés al encontrar un plástico que ocultaba algo.

Era un plástico cuadrado y muy fino que contenía en su interior una forma redonda con borde pronunciado. Estuve tentado de abrirlo para saber que contenía, pero una advertencia en el envoltorio me hizo parar. CONTROL.

Seguía sin pistas fiables y sin ideas sobre la resolución de aquel misterio tan inquietante, así que opte por hacer lo que me enseñaron de pequeño: En la vida hay dos clases de misterios, los que tienen solución y los que no. Los que tienen solución no son misterios, ya que sabemos que tienen solución y los que no … los que no se resuelven fácilmente. Tiré todas las cosas de mi cartera y me fui contento a casa con mi nueva adquisición.