domingo, 21 de agosto de 2011

El vino

  • ¿Así que tienes la cara de venir y decirme que no has sido tú el que se ha bebido el vino de la sacristía? – El Párroco le miró con aquellos ojos de inquisidor que le habían concedido el apodo de Torquemada, el de la blanca papada.
  • Así es, “eminencia”
  • Menos impertinencias. Me dirás que no tienes los ojos rojos.
  • Sin duda se trata de un efecto óptico producido por la preciosa de puesta de sol
  • Lo estas arreglando, zagal. ¿Sabes lo que voy a hacer?
  • No tengo ni la más remota idea, la verdad.
  • Voy a llamar ahora mismo a tus padres para que vengan a recogerte y les expliques lo que ha pasado. ¿Estás seguro de que no quieres confesar y ahorrarte el mal trago?
  • Es que no hay nada que confesar.
  • ¡Malandrín!, fuiste tú el que se bebió el vino.
  • Insisto en mi inocencia.
  • ¿Como insististe en tu inocencia hace un par de semanas afirmando que no habías roto aquel cristal?
  • Eso me temo que si lo hice.

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