martes, 26 de julio de 2011

Ascensor

No dijo nada, simplemente empezó a ludirse contra su cuerpo. El hecho de estar a solas en aquel ascensor le impelía a hacerlo, la pasión revertía por sus poros y debía aprovechar el momento. Preterió lo que su pareja le decía y la despichó contra una de las paredes, apretando el botón de parada. Mientras pergeñaba aquello, mientras conculcaba la dignidad de su pareja, mientras la compelía, comenzó a tener la necesidad de ajarla. Y eso hizo.

jueves, 21 de julio de 2011

Detenido

Afortunadamente no pasó mucho tiempo antes de que la Comisaria acudiese, 14 minutos según su reloj que había estado mirando continuamente en ese pequeño lapso de tiempo, como siempre hacía cuando estaba realmente nervioso (o cuando estaba pensando la solución a a un crucigrama, o cuando iba a dormirse). La Jueza aún tenía que llegar, pero había tiempo para interrogarle:

  • Ya te he dicho que no estas preparado para esto, Garrido – Dijo con un poco de condescendencia – Deberías dejar estos asuntos a los profesionales.
  • Totalmente de acuerdo, señora comisaria – Respondió él -, pero esta vez no me estaba saliendo de mi jardín, solo era un seguimiento normal y corriente. Un fulano que iba a ser despedido de su empresa gracias a mi informe.
  • Ahora no hará falta tu informe, ese no irá más a trabajar; como tú si no me explicas que narices ha pasado – La comisaria torció su gesto y miró fijamente a Carlos – Hay testigos que dicen que os vieron discutir.
  • Si – respondió – al parecer mis técnicas de vigilancia no son muy eficaces y descubrió que le seguía. Cruzamos un par de palabras, pero nada más. Mi regla número uno es no meterme en peleas, viene mal para la licencia.
  • Es un comienzo – Dijo la comisaria sacando una libreta - ¿como siguió la cosa?
  • Nada, me fuí en dirección contraria, haciéndole creer que dejaba de seguirle. Cuando retomé el seguimiento le encontré con la cabeza abierta. Seguramente le golpearon con un bate de béisbol. Debió ser alguien de dos metros como poco tal y como ha quedado su craneo.
  • ¿Jugando al CSI? La televisión ha hecho mucho daño.
  • No, señora comisaria – Dijo Garrido esbozando una sonrisa, la primera en toda la conversación. Ya no se tocaba el reloj – estudié medicina.
  • Vaya, otro candidato a forense - Garrido bajó la mirada – pero ya me he informado; no acabó la carrera.
  • Cierto, se me enquistaron un par de asignaturas, después probé suerte opositando para policía municipal, pero no lo conseguí, aunque si la licencia que me permite ejercer esta actividad.
  • Le conozco perfectamente Garrido, pero no espere que su hermano Javi le saque esta vez del lío en el que se ha metido.
  • Se lo vuelvo a repetir, yo no he hecho nada. Los análisis demostrarán que yo no pude hacerlo, necesitaría al menos 30 centímetros más para conseguir esa trayectoria de golpe.
  • O estar subido a algo – La comisaria se volvió a uno de los agentes– Navarro, lleva a Garrido a la central, procura que este cómodo y no le falte de nada. No quiero recibir quejas de los municipales – Añadió con sorna – Luego le visitaré con Porras.

miércoles, 20 de julio de 2011

Guillermo y Ana

Volvía a casa tras un duro día de trabajo, conduciendo su Audi azul por la ciudad. Sonreía al pensar que acababa de comenzar sus vacaciones y disponía de tiempo para poder estar con su gran amor, con Ana, la que le había robado el corazón, el sueño e incluso una porción de su cama. Aparcó y subió a su apartamento. En el recibidor encontró una nota que leyó tranquilamente “Cariño, he salido cinco minutos a comprar unas cosas para la cena al chino de la esquina. Pasa, cambiate de ropa y esperame en el salón” Encontró el salón lleno de velas y de rosas, con la mesa preparada para la cena. Observó la cadena, que estaba preparada para que sonase Stewie Wonder.

Fue a su habitación para cambiarse y allí se la encontró, tumbada en la cama con un camisón transparente, mirándole con picardía.

- Creí que habías bajado a por algo.
- Si, pero eso fue hace al menos una hora – ella le miró sin reproches - te has retrasado y se ha enfriado la cena.
- Lo siento, pero tenía que dejarlo todo perfecto para evitar que me llamen durante las vacaciones. No quiero irme contigo a Praga y que una llamada me haga volver.

Los ojos de Ana se iluminaron y salto a su cuello para besarle. Él había estado guardando celosamente el destino de su viaje y la sorpresa le había encantado.

- Me alegro que te guste. Pensé en varios destinos, pero al final me he decidido por el reloj astronómico en vez de por el castillo de Buda y el puente de las cadenas.
- Gracias – Y volvió a besarle – pero eso no quita para que se me haya estropeado la cena. No hay manera de salvar la lubina.
- Vaya – Dijo Guillermo mientras fruncía el ceño y pensaba – aunque esta noche no me apetecía pescado. Podríamos aprovechar para ir a ese restaurante nuevo que tiene tan buena pinta.
- No se si habrá sitio, desde que lo aperturaron no hay día que no se llene.
- Bueno, estoy seguro de que tendremos mesa. Al ser viernes mucha gente habrá salido de la ciudad y siendo solamente dos no tendremos problemas para probar ese colgante de Presa Ibérica que tanto gustó a Roberto y Menchu.- Hizo una breve pausa y después de dar otro beso la dijo – Cambiate, no tardas nada y además, tenemos toda la noche y las próximas veinte más para nosotros solos.