martes, 14 de junio de 2011

Pasillo y el final

Sobre la puerta del pasillo y con más de una abolladura había una lampara de estilo clásico que tenía tantos años como memoria tenía Carlos . Recordaba que de pequeño esas dos luces le aterraban en la oscuridad y temía ir al cuarto de baño para no encontrarse con ella.

Cierto era que la disposición de sus dos bombillas provocaban una cierta similitud con una cara, pero el miedo irracional hacía aquella lampara iba más allá, puesto que Carlos creía que de aquel cuarto saldría alguna vez aquel temible hombre del saco o algún espíritu vengativo para atraparle. Aún habiéndose independizado seguía teniendo miedo de ella.

Su situación, al final de aquel largo pasillo, era la ideal para proporcionar luz, pero provocaba ese malestar en Carlos todas las noches y no solo al irse a dormir; también mientras estaba con su familia viendo la televisión ya que el era el único que podía ver desde su asiento el final del pasillo.

En sus pesadillas ocurría que en esa situación un ente maligno salía del baño (seguramente proveniente del infierno, vía las cañerías de la casa) y se dirigía a él, que no podía correr ni escapar. Siempre se despertaba sudando justo cuando le iba a atrapar. Lo peor era que el final de aquel mal sueño no era despertarse, ya que al sentía la necesidad de pasar por el servicio para orinar, lo cual le llevaba una vez más a cruzarse con aquella lampara.

La independencia económica consiguió aliviar el problema, pero no lo hizo desaparecer. Al no enfrentarse nunca a él, su huida solo fue un momento de tregua, ya que cada vez que entra en casa de sus padres, estos no están y es de noche, siente un escalofrío en su espalda al observar esa lampara, con sus dos bombillas que le miran y le dicen que jamás podrá dejar de temerlas. 

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