jueves, 19 de mayo de 2011

El coche

En la radio suena una canción de Serrat, una de las que no son muy conocidas y que más que despertarme consigue que mis párpados se vayan cerrando un poco, por lo que cambio de emisora; no sería bueno para mí tener otro accidente de circulación, mi seguro no lo soportaría. Mi madre tampoco.

Mi coche tiene ya demasiados años y arreglos, en cierta medida se parece a su amo, pasa igual que como con los perros, a excepción de que la gasolina es más cara que el Wiskas. Tendrá prisa el condenado Mercedes; venga, que llegas tarde a trabajar. ¡¡Pringao!!

Cómo se nota que cada día amanece antes; son las 7 de la mañana y ya puedo ver el sol levantándose, una luna roja que surge y me deslumbra una vez más por no haberme comprado unas gafas de sol. Siempre me digo que he de ir a la óptica a por ellas, pero temo que haya subido mi graduación y me deprima. Hay tantas cosas que debería hacer.

Maldición, estamos ya en Mayo y estoy igual que el año pasado ¿qué hay del propósito de tener este año un libro en la susodicha feria que comienza a finales de mes? Sí, era una propuesta descabellada, pero es que ni he empezado ni tiene visos de que empiece. Lo de siempre, ni empiezo ni termino lo que me planteo.

Bueno, quizás si saliese una hora antes del trabajo todos los días podría descansar una hora más, porque es evidente que eso de ponerme a escribir nada más llegar a casa como que no, que la pantalla ya es parte de mi y he de desterrarla, pero es que después tampoco, me lío con el “facebook”, el marca y demás webs. Más calma y más filosofía hace falta en mi vida.

Bueno, fin de trayecto, a abrir la sucursal y prepararlo todo para tener un buen día y conseguir escaparme antes de las siete. Equipos encendidos, vamos a ver el correo …. No puede ser, otra vez he de cancelar los planes. Otra vez que el reloj volverá a dar las siete y yo de rodillas esclavizado y atado a una mesa de trabajo y un ordenador que no conoce lo que es el salvapantallas.

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