domingo, 15 de mayo de 2011

Anecdotario

Es curioso como es el género humano, lo felices y contentos que nos ponemos cuando reconocemos a alguien “famoso” por la calle, en un restaurante o en el cine. Incluso haciendo la compra; una vez vi a Paco Lobatón comprando en el supermercado, pero fue de refilón, así que no cuenta.

Otra vez estaba con tres amigos cenando en un restaurante, una cadena americana de estas donde hasta las ensaladas tienen grasa, cuando uno de ellos se percató de que un cliente de los que estaban sentados cerca de nosotros tenía una nariz un poco especial.

  • Mirad – Nos dijo – Ese es boxeador o lo parece.
  • Chelui, es el Poli Díaz.

Que esa es otra, que hay veces que vemos una cara conocida y nos fijamos en rasgos suyos, pero no terminamos de cuadrarlo. Poli Díaz, campeón español y europeo de boxeo, imbatible hasta que se cruzó por su camino uno que le sobó los morros dejándole literalmente K.O. . Allí estaba, comiendo una hamburguesa en la mesa de al lado.

La última vez ni siquiera vi al famoso, pero basta con que el 75% de la gente con la que estés lo vea como para considerar que tú también lo has visto. Había acudido a ver un musical de estos que están tan de moda en la Gran Vía con mi novia y otra pareja. Nos sentamos quedando yo en un extremo cuando uno de los que venía conmigo vio entre el gentío a Miguel Ríos. Fue curioso, ya que uno de los personajes de la obra había participado en sus giras, por lo que resultaba lógico que fuese a ver la obra en un descanso de su gira de despedida. Intenté levantarme y verle, pero fue imposible, incapaz de distinguirle la coronilla; fui el único que no le vio, lo cual me fastidió un poco, pues, como dije al principio, el ver a un famoso me pone contento, una anécdota más que contar.

Cuando acabó la obra le busqué con la mirada por el sector de público donde estaba su asiento y, o bien había abandonado la sala antes o la miopía me ha aumentado considerablemente. El caso es que no lo vi, pero sabía que había estado allí, igual que yo, riéndose de los mismos chistes, de las caídas, puntos y demás.

Tendré que ir a revisarme la vista, cambiar los cristales y estar lo más atento posible para no tener que mentir acerca del último famoso al que he visto, ya que ver mi imagen en el espejo no cuenta. 

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