sábado, 2 de abril de 2011

Familia


Era una noche tranquila y húmeda, pero en el ambiente se notaba crispación ya que Benito la había vuelto a fastidiar y no era la primera vez; la paga entera tirada por el retrete gracias a una mala mano. Su padre, Eduardo, no estaba muy contento, ya que sabía lo que iba a provocar y los problemas que ocasionaba.

    • Tu es que eres muy tonto.
    • No me grites – Dijo Benito – Estoy pensando como recuperar el dinero.
    • Más te vale. Estoy cansado de sacarte de tus líos y hasta las narices de las llamadas del banco.
    • Mañana mismo iré a hablar con ellos.
    • ¡No me jodas Benito! Lo que tienes que hacer es dejar de malgastar el dinero.
    • Solo hago lo que me has enseñado tú – Benito le dió la espalda y fue a la cocina. Se abrió una cerveza – Además, si te embargan el piso y lo subastan ya encontraré otro lugar donde vivir.

Eduardo no aguantó la provocación de su hijo, se abalanzó sobre él y le propinó un golpe. A pesar de sus setenta y dos años estaba aún en buena forma y el golpe, sin llegar a derribar a Benito si le hizo tabalearse hacia atrás y tropezó contra una silla.

Instintivamente abrió un cajón y agarro el primer cuchillo que encontró, blandiéndolo contra su padre que se vió obligado a retroceder.

    • ¿Que pasa viejo? ¿Te asusta un pequeño corte? - Y tras decir esto lanzó un tajo al brazo de su padre. Impacto en su objetivo y vio la sangre roja debajo de aquella camisa.
    • Maldito seas – Eduardo retrocedía cada vez más, entró en su cuarto y cerró la puerta - ¡Voy a llamar a la policía, así que será mejor que te vayas de aquí!

Benito clavó el cuchillo en la puerta y abandonó la casa. A esas horas de la noche podría encontrar al menos dos bares donde poder divertirse un rato e intentar encontrar algo para ganar algo de dinero.


Al día siguiente y después de haber realizado un par de servicios, Benito estación su grúa delante de la sucursal bancaria. Allí entabló conversación con el encargado de su préstamo.

    • Bueno – Le dijo el empleado – después de analizar los datos que me traes creo que es posible ampliar el plazo de tu préstamo.
    • Menos mal – Dijo Benito – creía que iba a ser más complicado, la verdad.
    • Con la ampliación no deberías tener problemas para pagarlo, a menos que sigas teniendo gastos extras todos los meses, como la caldera, el coche y todo lo que te ha pasado.
    • Si – Dijo Benito pensando en todo lo que había tenido que inventarse durante los seis últimos meses para justificar el retraso en sus pagos.
    • Pues nada, lo único es ver que día os viene bien para poder firmarlo.
    • ¿Nos viene bien? - Pregunto Benito.
    • Si, claro. Que día os viene bien a ti y a tus padres.
    • Vaya – La cara de Benito cambió radicalmente, no sabía si le creería o no, o si había posibilidad de solucionarlo – no creo que eso sea posible.
    • No te entiendo – Dijo mostrando perplejidad – Si no podéis venir a firmar por la mañana lo haremos por la tarde, no hay problema con el notario
    • No, no, no es eso – No sabía como decirlo – entre nosotros hay una cierta hostilidad.
    • Bueno, Benito, ese es un problema que tendréis que resolver vosotros, pero no creo que pase nada por veros un momento y firmar.
    • Javier, ayer fue la última vez que nos vimos y le raje el brazo con un cuchillo – Mientras lo decía la cara del empleado se puso pálida -, pero es solo en defensa propia. La anterior vez fue él quien lo hizo – Y le mostró una pequeña cicatriz reciente en la palma de la mano.
    • Esto bueeeeeno … deberíamos entonces plantear alguna otra alternativa, pero lo veo complicado …


Sin solución. Aquel cretino del banco, pensaba Benito, le acababa de joder, pero bien. Sabía perfectamente que su padre no iba a aceptar firmar aquella ampliación y que el tiempo le apremiaba, puesto que Javier le había vuelto a recalcar que un impago más y se ejecutarían ambas viviendas, tanto la suya como la de sus padres.
Caminaba absorto en estos pensamientos de vuelta a casa cuando sin mediar palabra un individuo le cortó el paso y le clavo un cuchillo en el abdomen. El dolor hizo que cayese al suelo y recibiese un par de patadas en la cabeza antes de que saliese corriendo.

Un par de transeúntes se acercaron para ver como estaba, pero nadie osó cortar el paso al agresor. Los gritos a su alrededor le hicieron comprender que la herida no tenía buena pinta. Empezó a tener frío y a verlo todo borroso. Al menos ya no se tendría que preocupar de su padre o el Banco.

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