lunes, 21 de marzo de 2011

Mi hogar

¿Empezamos por el principio? Es lo natural, lo que se suele hacer y lo que, por ende, ha de hacerse sin más dilación y sin más tiempo que perder. Aunque si hablamos de perder la cabeza la perdí hace ya mucho tiempo.

Quizás fuera porque nunca supe donde la tenía, o porque no encontraba lo que buscaba, el caso es que siempre fui un poco alocado, sin terminar nada de lo que empezaba, intentando tenerlo todo bien cubierto, sin dejar ningún elemento al azar, aunque todo saliese mal. Si, definitivamente la cordura no es algo que brillase en mi curriculum.

Por eso aquella mañana, cuando Roberto Carlos le cantaba al gato, pensaba que aquel gato era yo, y que mis ilusiones y sueños se estrellaban contra algo intangible que no me permitía seguir adelante. Una vez más una canción me puso triste, me hundió en el fango y devoró mi interior, más otra canción me saco de aquella situación. Cambios de humor, cambios de tiempo. Locura, locuaz lo sabía.

Lentamente me vi arrastrado hacia una espiral de frustración y de fracaso. Mi tendencia natural a tenerlo todo previsto, unida a mi ansia correctora y a mi desasosiego por lo imprevisto me llevaba a no terminar nada. Parado o hacia atrás, nunca hacia adelante. Esa era mi constante.

Todo ello, unido a mi natural predisposición hacia el conflicto y a las situaciones desagradables me llevo a un estado donde ya casi nada me importaba. Afortunadamente, tenía paracaídas, y la fortuna de tener una familia a la que le importaba.

Este centro donde ahora estoy me ha servido para conocerme mejor, para conocer a los demás y para saber que mi sitio no puede estar muy lejos de estas cuatro paredes, pues fuera soy vulnerable. Aquí estoy tranquilo. Todos los que estamos aquí somos iguales, aunque soportamos cargas diferentes. Este es mi hogar. 

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