martes, 21 de septiembre de 2010

CODA

Coda es un niño de 10 años que vive plácidamente junto a su familia en una zona obrera de una gran ciudad. Su padre trabaja en una fábrica y su madre hace pequeños encargos para una tienda de ropa. Su hermano mayor va a la universidad y es el motivo de orgullo de todos ellos.

Coda es alegre, generoso y dicharachero. Nunca para quieto y son muchas sus aficiones; Fútbol, canicas, videojuegos, pero la joya de la corona es su colección de cromos. A ella dedica las horas, aunque se encuentra incompleta, ya que le faltan un par de jugadores y algún fichaje de última hora que la editorial aún no ha empezado a vender.

El padre de Coda le ha prometido que dentro de dos domingos le llevará a una tienda donde conseguirá los cromos, pero no puede esperar. Necesita completar la colección, es una obsesión que le ha tenido varias noches sin dormir.

Así pues, por su cuenta y riesgo, sale de su casa deprisa, después de coger unos billetes a su madre, a buscar la tienda, a conseguir los cromos y a calmar su ansiedad. Por fortuna la tienda no se halla lejos, así que acude andando hacia ella.

Cuando se encuentra a mitad de camino, unos niños mayores le detienen y le interrogan. Él, inocentemente, les cuenta el propósito de su viaje y estos le quitan el dinero después de darle un par de empujones y salir corriendo con su botín. Coda se queda llorando, lamentándose por el error cometido al ir solo.

Por suerte para él, le han robado en su barrio y es la hora en que su hermano vuelve de la facultad. Le consuela y escucha. De la descripción rápida e inexacta que da Coda consigue identificar a uno de los asaltantes. Le da un beso y le dice que vaya a casa y no le cuente nada a su madre. Mientras corre hacia su casa, su hermano de va directo al parque, donde espera encontrarles.

Entra corriendo en la casa, alterado, pero sin responder al interrogatorio de su madre sobre su actitud y los moratones. Se encierra en su cuarto intranquilo. El tiempo pasa muy despacio, pero al fin aparece su hermano con una sonrisa. Entra en su cuarto y le entrega el dinero, que Coda reintegra al bolso de su madre.

Al siguiente domingo, consigue que su padre le lleve a la tienda y completa la colección, que a partir de ahora mostrará orgulloso a sus amigos. A su hermano le deja encima de su cama el cromo de su jugador favorito y el teléfono de Rosa, la hermana de uno de sus amigos y en la cual se había fijado con anterioridad.

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