sábado, 25 de septiembre de 2010

Desaparecí de tu vida (extraido de ¿Cómo vas, VIC? TIRANDO)

Desaparecí de tu vida para no hacerte más daño. Mis palabras hurgaban la herida y profundamente cayó el desaliento, al soplar por las noches el viento, sentías tu cama vacía y las noches tan solas. 

Me oculté en las sombras y huí como un canalla, yo otorgaba; Calla, me decías, no me hables, no destruyas el infinito cielo con tus mentiras e ilusiones, con tus rosas de colores, con tu labia viperina, con tus juegos de piscina, con el sol por la mañana y la luna llena de gracia... Todo eso, era todo eso. 

Desaparecí en combate, huí por la mañana, dejando un rastro de dolor y nada de coraje. De buena mañana, te levantaste sin ganas, ni orgullo, ni pasado ni presente y sin los dos dedos de frente que te caracterizaban por entonces. 

Marché pronto y sin mirar atrás, marché insensato y sin respirar. Cogiendo carrerilla y hasta el final, dejándote sola sola, y sin ganas de nada más. 

Destrozada y abatida, cruel punto de partida, para nada más, para nada menos, rompí la madrugada y escape por la ventana que daba al caos y a la desesperación. 

Soplé las velas, y se oscureció aún más la noche. 

+ (extraido de ¿Cómo vas, VIC? TIRANDO)

Búscate a ti mismo en las ramificaciones vivas y herbóreas. Búscate en la mañana, en la noche, en el diario, en el candor de un niño... No le robes los caramelos. Deja de hacer el canelo.

Búscate a ti mismo y resucita al alba, porque no es bueno morirse por las noches, no es bueno dedicar la vida al arte del trabajo, despacio y sin prisas.

Busca una madrugada y piérdete en el olvido. Que nadie te recuerde, que nadie te señale, que nadie se interese por tus menesteres. Solo, tranquilo, feliz.

Anímate a escapar de la rutina, rompe con la monotonía y haz de cada día el primero y el último, no tengas que después arrepentirte de lo que no hiciste, de lo que no dijiste de lo que no soñaste

Busca en mi armario un poco de cordura. Acúnala a tu vera y disfruta de la aventura. Se fiel y sincero, noble caballero, y si los demás hacen trampas, caerán al suelo por su propia caña.

Remóntate a tiempos perdidos, a la infancia, o al castigo. Remóntate hasta el siglo XX. Rememora y celebra tus logros y derrotas. Celebra que al fin y al cabo, después de tanto malo, tanto sufrimiento y tanta agonía el día se levanta.

Hagas lo que hagas, siempre tendrás un día más para seguir soñando.

Solo soy (extraido de ¿Cómo vas, VIC? TIRANDO)

Solo soy un aspirante
de tu cuerpo a poder amarte
y estoy
esperando por ti.
Solo soy un replicante,
mi vida entera es adorarte
y estoy
esperándote aquí.
Son tantos los motivos
por los que ya no vivo,
Son tantas tus razones
por las que me enamores.
Son rápidos los días,
son tantas tus manías,
son roca y artefacto,
me enamoro en el acto
de ti.
Solo soy un espejismo
de tu piel hacia el abismo
y estoy
vacilando por ti.
Solo soy un mercenario
que te ama a diario
y estoy
extorsionando por ti.
Son blancos mis lamentos,
huyen hacia el firmamento,
se enredan en tu pelo
hasta llegar al cielo,
me regalan tu sonrisa
que aparece con la brisa
de una mañana errante,
tarda solo un instante.
Y recuerdo de repente
Tus caricias y tus besos,
y recuerdo cara a cara,
cuando amar no era nada,
cuando solos éramos solos
sin nadie alrededor,
sin más preocupación
que comernos a las dos …....
Solo soy un despojo,
a tus brazos yo me arrojo
y estoy
creando por ti.
Solo soy un decadente,
esta ciudad me deprime de repente
y estoy
demoliendo por ti.
Solo soy un amante
de tu espíritu y de tu carne
y estoy
y estoy amándote a ti.

martes, 21 de septiembre de 2010

CODA

Coda es un niño de 10 años que vive plácidamente junto a su familia en una zona obrera de una gran ciudad. Su padre trabaja en una fábrica y su madre hace pequeños encargos para una tienda de ropa. Su hermano mayor va a la universidad y es el motivo de orgullo de todos ellos.

Coda es alegre, generoso y dicharachero. Nunca para quieto y son muchas sus aficiones; Fútbol, canicas, videojuegos, pero la joya de la corona es su colección de cromos. A ella dedica las horas, aunque se encuentra incompleta, ya que le faltan un par de jugadores y algún fichaje de última hora que la editorial aún no ha empezado a vender.

El padre de Coda le ha prometido que dentro de dos domingos le llevará a una tienda donde conseguirá los cromos, pero no puede esperar. Necesita completar la colección, es una obsesión que le ha tenido varias noches sin dormir.

Así pues, por su cuenta y riesgo, sale de su casa deprisa, después de coger unos billetes a su madre, a buscar la tienda, a conseguir los cromos y a calmar su ansiedad. Por fortuna la tienda no se halla lejos, así que acude andando hacia ella.

Cuando se encuentra a mitad de camino, unos niños mayores le detienen y le interrogan. Él, inocentemente, les cuenta el propósito de su viaje y estos le quitan el dinero después de darle un par de empujones y salir corriendo con su botín. Coda se queda llorando, lamentándose por el error cometido al ir solo.

Por suerte para él, le han robado en su barrio y es la hora en que su hermano vuelve de la facultad. Le consuela y escucha. De la descripción rápida e inexacta que da Coda consigue identificar a uno de los asaltantes. Le da un beso y le dice que vaya a casa y no le cuente nada a su madre. Mientras corre hacia su casa, su hermano de va directo al parque, donde espera encontrarles.

Entra corriendo en la casa, alterado, pero sin responder al interrogatorio de su madre sobre su actitud y los moratones. Se encierra en su cuarto intranquilo. El tiempo pasa muy despacio, pero al fin aparece su hermano con una sonrisa. Entra en su cuarto y le entrega el dinero, que Coda reintegra al bolso de su madre.

Al siguiente domingo, consigue que su padre le lleve a la tienda y completa la colección, que a partir de ahora mostrará orgulloso a sus amigos. A su hermano le deja encima de su cama el cromo de su jugador favorito y el teléfono de Rosa, la hermana de uno de sus amigos y en la cual se había fijado con anterioridad.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Yo la sentaba en mi regazo

Enloquecía solo a su contacto, era la reina de mi cama, aunque nunca la quiso, la muy fulana. Era la dueña de mi risa, la cantinera de mis buenos ratos, la concubina que nunca tuve. Ella me daba, muy de cuando en cuando, un beso casto y rapidito, que me dejaba el aroma de su piel y una sonrisa.
¿Era suficiente? En aquellos momentos lo era. Me hubiese gustado que la cosa hubiese ido más rápida, pero la velocidad de crucero era aceptada en el mando estelar. Cuaderno de bitácora, fecha estelar día 25; hoy hemos tomado cafe con pastas. Nos rozamos la mano y ella no la quito. Haciendo progresos.

A los dos meses empezó a erizarse el vello cada vez que la tenía delante. No era casual, fue una técnica que aprendí para intentar atraer su atención sobre mis brazos y conseguir una de sus caras caricias. Casi nunca resultaba, pero al menos mantenía mi mente distraída, sin pensar.


Me mantuvo a raya, mantuvo la expectativa y vendió caro su amor, lo cual me hizo apreciarlo. Cada beso, caricia, achuchón, era considerado por mi parte como un gran triunfo. Glorioso. Lentamente, como debe de ser. Suavemente, sin prisas.


Cuando llegado el momento, creí que era la hora de avanzar y llegar a cotas más altas, alquile un apartamento cerca de su trabajo, para que no tuviese que desplazarse mucho. A desgana aceptó y se instalo conmigo. Que sensación, la madurez.

Nuestros más y nuestros menos tuvimos hasta acoplarnos, llegar a estar a gusto en la misma instancia, y tras un año así decidí pedirle la mano, el brazo y todo su cuerpo enteramente, ofreciéndome yo mismo a cambio. Se que no era buen trato, pero aderezado con mis virtudes, defectos y un ascenso que me habían prometido ella no pudo negarse.


Celebramos convite, los amigos vinieron, nos ofrecieron sus buenos deseos y alabanzas, y la necesidad de aportar herederos a mi casa familiar. Día de celebración. Día de mal recuerdo, pues sin saberlo, acababa de sellar mi final. Al menos el final de esa historia.


Ella me abandonó en la luna de miel, por un autóctono bien dotado. Musculoso, cariñoso. Se entregó a él y a sus bajos instintos. Recordé lo que había sufrido yo por un beso, lo que me costo un abrazo tierno, el coste ilimitado de un te quiero. Agua. Todo se borro como el agua.


Lo peor fue volver solo a casa, el dar explicaciones a la familia y amigos. Recibir la citación para el divorcio, tener que vender mi casa, tener que empezar de 0. Caer en una depresión y no salir de ella hasta el día de hoy. Hoy fue un buen día.





jueves, 2 de septiembre de 2010

Bloody

Sin tu risa he perdido la alegría de vivir. Sin tus besos, sin tus manos, ya no me acuerdo de sentir. Al menos no de lo que antes sentía. Tu cuerpo pegado al mio. Frío. Inerte. Caen dos gotas por mis mejillas.