sábado, 25 de diciembre de 2010

Día dos

Entornó los ojos mientras se dibujaba una sonrisa en sus labios. Su cuerpo empezó a relajarse y a sentir una gran paz en su interior. Le abrazó. Él también estaba agotado, su día no había ido demasiado bien y tan solo los labios de su mujer habían conseguido que se sacase el mal sabor de boca provocado por un pequeño problema laboral. Mañana sin falta lo resolvería.

Ella se despertó antes, como de costumbre. Él había desarrollado una capacidad increíble para ignorar el tono de su despertador, así que era ella la que tocaba diana y le despertaba con un beso, o con un “cariño, es domingo y te has vuelto a olvidar quitar la alarma”, pero hoy era jueves, así que le dio un beso. Sonrió. El empezó a bostezar, pero al momento salió de la habitación rumbo al baño.

Mientras ella se duchaba, él leía la prensa deportiva en internet, la económica y, si había tiempo, algo de la prensa del corazón por si tenía que dar conversación a su superior. Bajaron al garaje y se montaron en el deportivo, ideal para la imagen que él quería dar en su trabajo. Pensaba que las canas que empezaba a tener podían ser un signo de debilidad ante los tiburones que tenía por compañeros.

Treinta minutos más tarde la dejo en su trabajo. Se despidieron con un beso y un te quiero; aún no habían perdido la pasión que suele darse al comienzo de una relación y llevaban ya casi tres años (y uno viviendo juntos). Desde allí a su trabajo solo le quedaban veinte minutos. Cambió la emisora de radio y se dispuso a tener un buen día.

Él saludó a sus compañeros al llegar a la oficina, introdujo su usuario y contraseña en su ordenador. Se puso manos a la obra a intentar solventar el pequeño problema que le mantuvo ocupado todo el día anterior. Ella había adelantado trabajo para salir pronto.

Él repaso cuidadosamente todos los detalles del proyecto, paso por paso hasta que estuvo completamente satisfecho. Ella estuvo toda la mañana atendiendo al público que entraba en su sucursal, apenas tuvo tiempo de tomarse un café o responder el SMS que le envió él.

Llego la hora de comer y mientras él se calentaba la comida en el microondas, ella salía a comer con sus compañeros, comentando diversas vicisitudes de la mañana, la actividad comercial que habían desempeñado y cuestiones tan triviales como cotilleos varios.

La tarde fue tan sosa para ambos que es mejor no comentarla. Él consiguió escaparse pronto y salió para casa a eso de las 18:00 horas, pero ella se entretuvo con el papeleo y no fue hasta las 19:30 cuando apagó las luces de la sucursal. Y porque él la estaba esperando afuera para llevarla a casa.

Ella llego bastante cansada y agradeció tener la cena ya preparada. Mientras se duchaba, él colocó la mesa y cenaron mientras veían el telediario de las nueve. Como era normal, como llevaban haciendo ya demasiado tiempo. Un par de programas breves, un par de zappings y un bostezo eran la señal inequívoca que el día estaba llegando a su fin.

Ya acostados, se buscaron y besaron por un buen rato. Después empezaron a hablar de sus respectivos días en sus trabajos ; anodinos, sin mucho que reseñar. Él estaba contento por haber solucionado su problema y ella tenía al menos una historia curiosa que contar antes que el sueño la venciese. Aquel día no iba a haber juegos.

Entornó los ojos mientras sus labios dibujaban una mueca de tristeza. Su cuerpo, como desde que él no estaba, echaba de menos su calor en la cama, echaba de menos esos pequeños momentos en la cama, echaba de menos el tenerle a su lado para poder hablar de su día.

Ella se despertó, como de costumbre, nerviosa y aterrorizada; otra pesadilla más. No había nadie a su lado y comenzó a llorar. Miro la mesilla de noche y abrazó la foto contra su pecho durante unos minutos. Después se metió en la ducha y antes de salir, encendió un cigarrillo.

El trayecto al garaje le resultaba no solo doloroso, sino intranquilizador. Desde que él ya no estaba se sentía desprotegida, sola. Cualquier vecino podría ser una amenaza para ella. Había vendido el deportivo y se había comprado un monovolumen, un coche resistente, duro y grande. Había tenido que alquilar una plaza de garaje cerca de sus sucursal.

Cada día llegaba más tarde a su trabajo. Primero empezó a llegar 10 minutos antes de su hora, para ir perdiendo 3 minutos por semana y llegar ya 10 minutos tarde. Tenía diez minutos de cortesía, ¿no? Bueno, tenía tiempo para otro cigarro.

Se sentó en su mesa, intentó ordenar los papeles que tenía delante un poco y se abrieron las puertas. Por delante, unas cuantas horas de trabajo, de aguantar a las viejecitas y de escaparse a tomar algún café. Había cogido la costumbre de salir al menos 3-4 veces a tomar café con clientas que conocían su desgracia e intentaban levantarle la moral.

Ya no se quedaba a trabajar por las tardes. Ello la había acarreado una serie de problemas con la directora y el subdirector, pero no tenía ni fuerzas ni ganas. A decir verdad, en la sucursal la hubiesen dado por un cadaver andante si no fuese por el ligero gesto de ilusión cada vez que sonaba el aviso de recibir un SMS, aunque inmediatamente después volvía a su gesto habitual.

Aparcó el coche en el garaje y encargo comida al restaurante chino de enfrente de su casa. Llevaba ya demasiado tiempo sin cocinar, y el menú la servia tanto de comida como de cena.

Paso la tarde sentada frente al televisor, repasando los vídeos que habían grabado juntos. Los viajes a Roma, a Paris, el viaje a la casa rural en Asturias. Era eso o pasarse la tarde muerta mirando al techo como hacía casi todos los fines de semana. Nadie conseguía que saliese de casa. Llego la hora de la cena y saco del frigorífico los restos de la comida.

Se negó un día más en ver el telediario. No lo había vuelto a ver desde que él no estaba. No era lo mismo. ¿De que le servía la información? ¿Que le importaba si en Irak morían veinte o venticinco o si el G-20 no se pusiese de acuerdo para repartirse una vez más el mundo? Ella perdió lo que más quería y jamas lo recuperaría.
Se acostó temprano, aún sabiendo que no conseguiría dormir fácilmente. Dio un beso al cristal de la foto y apagó la luz. No sabía cuantos días más podrá aguantar, pero le quedaba un día menos del resto de su vida.

Aniversario I

No lo podía creer. Después de llegar hasta allí no le podía pasar eso, era injusto. Estaba solo en aquel hall enorme del aeropuerto Charles de Gaulle y las letras se le clavaban en sus pupilas “annulé”.
Se derrumbó en su asiento y empezó a comprender que no se puede vencer al destino, que a veces los astros y las fuerzas de la naturaleza son persistentes.
El día anterior había comenzado temprano, a las 5 de la mañana, y desde que se le fundió la bombilla del cuarto de baño supo que ese no era su día. Llevaba planeando ese viaje desde hacía meses; mañana era su cumpleaños y quería estar en Central Park, recordando a su ídolo 30 años después. Al menos el mp3 no le falló y pudo escuchar en el taxi los clásicos “Let it be”, “With a little help of my friends” “Get back”.
Las probabilidades de que la huelga de controladores acabase eran escasas, pero tenía un plan B. Como ya había supuesto el espacio aéreo español no se abrió a las 9 de la mañana, como se había anunciado, y empezó su viaje. Taxi a Chamartin, urgente, sáltese todos los semáforos que el AVE sale ya. “It´s been a hard day´s night, And I´ve been working like a dog”
Llegó por los pelos y 2 horas y tres cuartos más tarde estaba en la estación de Sants, corriendo por el andén para llegar al siguiente trasbordo, tren con destino Perpignan, con un tiempo aproximado de dos horas y media. Hora de comer, un pequeño respiro antes de que a las 15 horas saliera el avión rumbo Paris, a donde llegó a media tarde.
Intentó comprar billete para salir ese día, pero lo más pronto que encontró fue un vuelo que salía a las diez con llegada a New York a las seis de la tarde, aprovechando que se vuela a favor de las horas. Lo importante es que estaría allí, que ese día, el aniversario de la muerte de Lennon, él estaría como muchos más fans, en el lugar de su muerte, recordándole.
Se quedó a dormir en el aeropuerto y cuando se despertó sus ojos se quedaron clavados en aquel cartel, sin poder ver la capa blanca de nieve que cubría las pistas impidiendo el despegue de cualquier vuelo. Speaking words of wisdom, let it be”

domingo, 12 de diciembre de 2010

Roma en ruinas

Resulta que estando en Roma, rememoré aquella rara ocasión en que había visitado Merida y había acabado harto de rocas y más rocas. Ahora me resultaba igual de cansado, pero con mucho más ruido a mi alrededor. Sin duda estos romanos me producían dolor de cabeza. La aspirina no consiguió calmarme, pero me relajó lo suficiente para seguir disfrutando del viaje.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Berlín

PRIMERO:

Bueno, vamos allá. A ver que tenemos por aquí. Abuelas en el banco, fácil, pero insuficiente botín para clausurar este sitio por unas semanas y hoy necesito algo más de botín. No tendré hoy la suerte de encontrarme con algún “pijoejecutivo” en su hora de desayuno demasiado refinado como para aguantar el humo del bar de enfrente, no creo que hoy sea mí día.

Nada. Llevo ya media hora y no he visto a nadie con cara de llevar al menos 50 Euros en la cartera, ni sentados ni paseando por este maldito parque. Ni un solo móvil interesante, ni anillos, ni nada de nada. Parece que va a ser otra mañana infructuosa. Aunque … podría ser.

Parece una pieza interesante, y sólo por el Nokia que lleva pegado a la oreja merece la pena intentarlo. La mujer no está mal y se nota que a sus cuarenta y tantos sigue en forma, por lo que mejor no le doy la oportunidad de escapar. Si atajo la puedo llegar a sorprender en mitad del parque. Poco a poco, eso sí, sin despertar la más mínima sospecha.

Bien, he llegado a tiempo para cruzarme con ella. Como siempre esta parte está despejada, salvo por un par de colegiales que han hecho novillos y a los que no se les ocurrirá interferir en mi transacción. Bueno, allá vamos.

    • Perdone, ¿no tendrá usted un cigarrillo? - Sé que no es una frase original y que muchas de mis presas saben lo que va a pasar a continuación, pero me da una gran ventaja frente a los asustadizos, que no se resisten. Y los que no se dan cuenta y meten la mano a buscar el cigarrillo me dan la oportunidad de acercarme lo suficiente para asaltarles.
    • Lo siento, no fumo – Me dice ella con aires de superioridad mientras tapa el auricular con una mano.
    • Vaya, es una lástima – Con un rápido y ágil movimiento le quito el móvil de su mano y cuelgo. Ella se queda sorprendida y asustada, sabe cual va a ser mi siguiente frase – Dame todo lo que lleves de valor encima rapidito o te saco la navaja y te dejo un feo recuerdo en la mejilla – A veces una amenaza real y duradera es mejor que la de la muerte. Ella se acobarda.
    • No, por favor – Me entrega el bolso, estando paralizada por el miedo.
    • No me jodas, golfa. ¡Sácate el anillo y el collar y hazlo YA! – la escena dura demasiado y entro en la zona de peligro. Ella reacciona lento y me veo obligado a arrancarle el collar. Salgo corriendo.

Me oculto en una de las callejuelas anexas. Alguna Visa, 80 en efectivo y poco de valor en la cartera. He de darme prisa para realizar algunas compras con la tarjeta antes de que la bloqueen. Elisa Fuentes, ha sido un placer establecer relaciones comerciales contigo, espero que tu hayas quedado satisfecha con tu mala experiencia como yo lo he quedado con tu dinero.

SEGUNDO:

Qué mal esto de tener que ir hoy al callista. Hace que me pierda la clase de pilates, y ya van tres seguidas, la próxima vez Roberto me lo va a hacer pagar; seguro. Menos mal que esta cerca de casa, porque así al menos ando un poco, aunque a esta hora de la mañana hay demasiados coches y el aire viciado de la ciudad me mata. No se si podré soportarlo.

Bueno, llamaré a Cuqui, a ver que tal está y así me pone al día de la cena del viernes en su casa. A ver. Cuqui. Bien, parece que lo tiene encendido, eso quiere decir que no está recibiendo un masaje ahora mismo.

    • Elisa, ¿cómo estás?
    • Bien, muy bien. Ahora mismo voy de camino al Spa a darme unos masajes.
    • Ah, qué bien. Yo hoy no puedo ir, sino me reuniría allí contigo – Qué suerte que he tenido – estoy liada con la cena, me está costando decidir los vinos.
    • Ya, – Qué pedante es, madre mía, si hace unos años la pobre lo único que paladeaba era vino cutre de supermercado con coca cola – lo sé. Acuérdate de la reunión de Teresa la semana pasada. Qué horror de vinos americanos.

Es una pesadez de mujer, por Dios, porque la habré llamado, con un poco de suerte atajo por el parque y se me va la cobertura – sí, sí, el magret de pato no puede faltar – qué pesadilla de mujer. Va de fina y elegante cuando todas sabemos que de pequeña fue a un colegio concertado – me parece sabia elección, querida – aunque al menos de vez en cuando tiene buena ideas. - perdone ¿no tendrá usted un cigarrillo? - ¿quién ha dicho eso? Vaya, qué se ha creído este hombre, pensará acaso que estamos en una discoteca o similar.

    • Lo siento, no fumo – Le replico indicándole que me deje en paz.
    • Vaya, es una lástima – El joven me quita el móvil de un golpe y me agarra del cuello con una mirada que me atraviesa y me deja quieta. No puedo hacer nada, quiero correr, pero mis piernas no me responden – Dame todo lo que lleves de valor encima rapidito o te saco la navaja y te dejo un feo recuerdo en la mejilla – Esto no me puede estar pasando, no aquí, ¿dónde esta la policía? Quiero gritar, escapar, huir, pero de mi boca solo sale.
    • No, por favor – Le entrego el bolso mientras aparto la mirada hacia un lado, esperando que él desaparezca cuando vuelva a mirar hacia adelante.
    • No me jodas, golfa. ¡Sácate el anillo y el collar y hazlo YA! – Mis manos tiemblan cuando intento quitarme el anillo. No lo consigo y temo que me corten el dedo, lo cual me pone aún más nerviosa. De un tirón me rompe el collar y sale corriendo con él, mientras yo me quedo sollozando en medio del parque. Necesito a Javier, que alguien llame a Javier.
TERCERO:
  • Bueno Carlos, cuéntanos lo que viste.
  • Si, bueno la verdad es que hay poco que contar.
  • Venga, cuéntalo. No vamos a decirle a tus padres que estabas aquí a estas horas. Ahora mismo nos interesa más saber lo que has visto.
  • Vale, les contaré lo que vi. Estaba aquí con Pedro, un amigo, charlando un poco de nuestras cosas, ya sabe. No le dimos mayor importancia a la mujer cuando pasó por delante de nosotros hasta que observamos que el pavo ese la estaba agarrando y le quitaba el collar. No nos dió tiempo a reaccionar y dudo que hubiésemos podido hacer nada. El colega salió corriendo y lo único que pudimos hacer fue ir a hablar con la señora cuando esta se derrumbó.
  • ¿Que nos puedes decir del “colega”?
  • Poca cosa, la verdad, apenas le vimos bien. Estábamos lejos, pero calculo que rondaría la treintena, pelo corto, parecía delgado y no era muy alto. Su ropa era normal, unos vaqueros y una chaqueta marrón.
  • ¿No tenía nada identificativo? ¿Algo extraño en su manera de correr?
  • No lo sé. Como le he dicho le vimos de lejos y poco tiempo.
  • Perfecto. Puede que os llamemos para una rueda de reconocimiento si tenemos suerte y le pillamos. Ahora podéis iros a clase.

CUARTO:

Diligencia Policial Número 2.356/10. Comisaría de Salamanca:
El pasado 10 de Octubre de 2.010, a las 10:20, se produjo en el parque Berlín un robo con amenazas. La víctima, Elisa Fuentes, fue abordada por Jaime Ramírez en el parque, sustrayéndole los siguientes objetos: el teléfono móvil, un collar y el bolso. Los objetos de valor que Elisa declara que llevaba en el bolso son: un pintalabios, gafas de sol de Gucci y su cartera, con DNI, carnet de conducir, dos tarjetas de crédito de la entidad B.N.P., 80 euros en efectivo, dos cheques regalo de El Corte Ingles, la tarjeta Sanitaria de la comunidad de Madrid, tarjeta de Adeslas, tarjeta de Dolce & Gabana, tarjeta de Dior y tarjeta de Tous.

La denunciante fue abordada y amenazada por el denunciado, existiendo violencia explícita al ser agarrada y al serle arrancado el collar. El testimonio de Carlos Flores y Pedro de La Casa así lo confirman.

Gracias a los testimonios de los testigos y denunciante, al uso de las tarjetas y a una grabación de una cámara de seguridad de la zona, se localizó a Jaime Ramírez, delincuente habitual, como posible autor de los hechos, por lo que se le arrestó en su domicilio habitual. Posteriormente, fue reconocido como el autor de los hechos por la denunciante y por uno de los dos testigos en rueda de reconocimiento, pasando a disposición de la autoridad judicial.

La rubia

Ayer me ocurrió un hecho que me suele suceder muy de vez en cuando. Estaba tranquilo en el café, tomando una infusión, cuando observé con el rabillo del ojo que a mi derecha se sentaba una joven rubia de muy buen aspecto. Ví como pedía un refresco y su mirada quedaba fija en la puerta del establecimiento.

Su cabello me pareció hermoso y por el libro que llevaba bajo el brazo supe que estudiaría alguna ciencia de la medicina, pues el título lo sugería. Pensé que quizás había acabado ya sus clases (puesto que la hora era la propicia para ello) y el lugar no resultaba lejano de la facultad, si bien es cierto que no suelen abundar los universitarios en este café.

Me llamo la atención la amabilidad que desprendían sus gestos y la sonrisa que regaló a la camarera cuando ésta la dejo el refresco. La verdad, he de confesaros que no sólo me llamo la atención, me enamoró.

La recorrí con la mirada y la observe detenidamente, encontrando pequeños detalles que despertaron de inmediato mi curiosidad más morbosa y juguetona, como el lunar que tenía en su mejilla izquierda o qué decir de la cadena que pude apreciar que llevaba en su cuello ¿llevaría un crucifijo de oro o las iniciales de algún amor? Mi sonrisa hizo acto de presencia ante tales disyuntivas.

Su rostro perdía por momentos ese aura de belleza, sobre todo cuando el reloj marcaba un minuto más y ella bebía otro trago de su refresco. Cuando ya llevaba más de dos tercios del mismo apenas quedaba un cuarto de la sonrisa.

Pensé en levantarme, acercarme y charlar con ella, pero deseché la idea. Ella comprobaba minuciosamente su teléfono móvil cada 2 minutos con el mismo ademán de desgana.

Al fin sonó el dichoso aparato, aunque de haber sabido el engendro musical que mis oídos iban a tener que soportar y la cara de decepción que a mi recién descubierta musa se le iba a quedar, lo hubiese apagado yo mismo.

Y así se fue cabizbaja y con los ojos enrojecidos por el esfuerzo de no llorar, llevándose consigo mis pensamientos y mi compasión. Ni me dí cuenta que se le olvidó pedir la cuenta.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Vallado

Perdido sin tus abrazos me hallaba yo, perdido en aquella fría madrugada. No fue hace mucho sino ayer, aunque ahora me parezca tarde.

Ahora navegaba entre tus caderas sintiéndome el dueño de todas las cosas de tu nevera, de tus risas, de tus abrazos, de tus ojeras. Era yo quién alumbraba cada mañana tu ventana y provocaba aquella risa infantil en el centro de tu cara.

Sin duda la balanza estaba equilibrada y no se escoraba ni hacia tu lado ni hacia el mio. Nuestro rumbo era el mismo y la nave avanzaba sin prisas y sin pausas. A toda maquina, a toda vela.

Sin darnos cuenta comenzó nuestra dependencia. Nuestra telepatía se hacía visible día a día. Mis manos, mis pies. Todo mi cuerpo sabía ya por entonces que esto podría indicar una perpetua primavera, un preludio del verano eterno, el final de los otoños e inviernos fríos.

Caminaba despacio, firme y resuelto a aguantar junto a ti la mirada de todos aquellos que se oponían a nuestros deseos, cuando de repente volvimos a ser dos de nuevo.

Quemamos todos los cartuchos demasiado pronto y para colmo de males, se nos acabaron las reservas del cariño sepultadas en una avalancha de rencor y desistimiento.

Como un pez que se queda atrapado en la red de un atunero, sin poder escapar de ella, así terminó lo nuestro. No fue largo, pero si intenso, una montaña rusa que nos llevó arriba y abajo solo para descubrir que el final estaba vallado.

domingo, 10 de octubre de 2010

El bloqueo

Tengo el famoso bloqueo del escritor; cuando se quieren expresar muchas ideas, pero no se consigue escribir un párrafo seguido. Tal vez esta consigna me este volviendo loco, tal vez mi mente este más preocupada de otros menesteres o, tal vez, realmente la inconstancia me haya derrotado de una vez por todas. No pienso darle ese placer.

Valiente primer párrafo, ya que intento en vano conseguir derrotar esta traba que me he auto impuesto. ¿Será que mi creación viene de la espontaneidad y no del trabajo duro? ¿Me coarto con los límites? ¿Se habrá enfriado ya la manzanilla? Aún quema.

Cierto es que muchas veces he sentido la necesidad de escribir, y que muchas veces me he retirado para ir a otra tarea. Desgraciadamente soy humano. La novedad me excita, la rutina me oprime. Mis preocupaciones son una losa en mi cerebro y no alcanzar el nivel deseado es una carga. Si te pones la zancadilla no tienes porque preocuparte si no triunfas.

¿Es eso lo que quiero? ¿Dejar mi trabajo y vivir del cuento? Bueno, más bien sería escribirlos, puesto que del cuento ya hay demasiados que viven y el pastel no es tan grande. Entonces ¿para que? ¿para que escribir? Por ego, evidentemente. Para buscar la aprobación de los demás, para sentirme más querido. Menudo ansia, necesidad vital, más y más. Soy un megalómano de la aceptación.

No cuela, no cuela. Es otra excusa, otra traba y cada vez son peores. Que si un puesto nuevo, que si una consola nueva, que si mi abuela fuma y el perro se ha comido la camisa. Esto es un caos y un descontrol, y seguimos con el dichoso bloqueo. Ay, ay, ay.

Si tan solo pudiese tranquilizarme y ordenar las ideas. Vale. Poco a poco. Vamos a allá. La vida es buena. Parece que la manzanilla ya no quema. Un buen sorbo para que, aunque no sea una tila, recobre la serenidad y la calma. Pongo la primera piedra para escribir de nuevo.

Busca algo fácil, algo sencillo que te ayude a comenzar. Deja la mente en blanco y que las palabras vengan solas. No las fuerces. No las provoques. Ellas vienen y van a su libre albedrío, eso ya lo sabes. Piensa y dime lo que ves.

“Veo un río y una muchacha que se baña, no se da cuenta que se esta acercando a unas cataratas. Menos mal que su padre esta cerca, la reprende y ella vuelve a la orilla” No, no me gusta. Es muy soso y carece de sustancia. Ni se salva al mundo, ni hay acción. Tal vez si su padre fuese un Calamar gigante la escena tendría su gracia. Intentémoslo de nuevo.

“Veo un Caiman que habla” No, no me gusta. ¿Desde cuando hablan los caimanes? Si, es cierto que en el surrealismo casi todo esta permitido, pero no veo yo a un cocodrilo siendo el protagonista de uno de mis relatos, a no ser que fuese la consciencia de un cocodrilo que vive en las botas de una ejecutiva agresiva. Relajate y piensa ….

“Julie volvía a casa cada verano una vez terminado el curso. Desde la estación de Manchester a su casa apenas había veinte minutos andando, pero un coche de caballos y Richard la estaban esperando. El estirado mayordomo saludó a la niña con poco entusiasmo, la subió al coche y la llevó a casa.

Ella estaba nerviosa y excitada, deseando llegar a su casa para saludar efusivamente a sus padres y pasar un verano alejada de la oscura residencia en Birmingham. Deseaba conocer al benjamín de la familia, su hermano Alfred que había nacido unos meses antes y poder volver a ver la sonrisa de Edward.

El coche llegó rápido a su destino, y la niña, con ayuda de Richard bajo de él y salió corriendo, entrando en la casa con algarabía y entusiasmo. Esperaba que Edward saliese de cualquier rincón a darla un abrazo y que sus padres la regañasen por el escándalo montado (lo apreciaría más que las regañinas del internado), pero no paso ni lo uno ni lo otro. La casa parecía vacía.

Richard entró portando las maletas de la joven, sin mostrar la más mínima expresión con su cara. Una vez hubo dejado las mismas en el cuarto de la joven se retiró a su habitación, provocando en Julie cierto desconcierto. ¿Donde estaba su familia? Decidió entonces ir a la cocina a hablar con Gemma, la cocinera.

Ella le explicó que los señores habían tenido que salir de viaje hacia Glasgow días antes por la terrible enfermedad de su abuelo y que se habían llevado al pequeño Alfred y a Edward con ellos. No la habían podido esperar y ahora tendría que viajar sola en tren para reunirse con ellos”

Es un comienzo. Ni bueno, ni malo. Insatisfecho con él, pero eso pasa siempre. Habría que darle volumen y forma, pero se puede decir que he roto el bloqueo, aunque solo sea de forma parcial. Es una victoria, es una gran victoria.

Así pues, una vez desbloqueado, una vez saneada mi mente, curados todos mis temores y, sobretodo, con el ánimo reforzado, me dispongo a escribir esta noche los párrafos más curiosos que haya escrito en mi vida. Al menos lo haría si no tuviese que levantarme mañana pronto para seguir ganándome el pan con el sudor de mis neuronas.

domingo, 3 de octubre de 2010

Maldita password

Reiteró su negativa y esta fue trasladada a la agente judicial, la cual entró en la sala de audiencias. Sentado en el banco de la sala de espera parecía aún más pequeño, tendría unos treinta y pocos años, pero su estatura pareció detenerse antes de tiempo. Su abogado le había estado intentando convencer de que seguir adelante era una locura y que lo mejor sería llegar a un acuerdo, pero él no le había hecho mucho caso.

Yo estaba un poco nervioso por encontrarme cara a cara con la persona que había estado utilizando mi correo electrónico, con la persona que había violado mi intimidad visualizando mis mensajes, datos, relaciones pasadas y posibles relaciones futuras. Sentí un gran escalofrío al pensar en la cantidad de información que poseía esa persona sobre mí. Quizás ahora él supiese más de mi que todos mis amigos, que mi propia familia e incluso que yo.

La agente volvió a salir y pronunció su nombre en alto. Se levantó y entró en la sala. A continuación su abogado, el mio y nadie más, ya que al ser yo testigo solo podría entrar cuando me lo indicasen. Odio esperar, me produce una sensación de perdida de tiempo. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Los minutos pasaban lentamente en mi cabeza. Lo que hubiese dado por un buen Gin Tonic en esos momentos, pero lo único que tenía cercano era una maquina de resfrescos.

Me acerqué para hacer tiempo, para olvidarme de la espera, comprobando que era mejor no comprar nada, ya que todas las bebidas de la maquina tenían gas. “Perfecto para mis tripita” pensé, lo último que necesitaba era un eructo ante el tribunal.

  • ¿Facilitó usted la contraseña de su cuenta de correo al acusado
  • Eeeeercgk

Volví al asiento donde estaba, una silla de plástico que no estaba rota justo enfrente de la sala donde esperaba que mi abogado y el fiscal consiguiesen demostrar la ruindad de las acciones del acusado, consiguiendo una buena indemnización y un castigo ejemplar. Quizá los perversos listillos de este mundo creen que todo saldrá siempre como ellos quieren, pero esperaba que la acción de la justicia demostrase lo contrario.

Llevaban al menos diez minutos, pero a mi me parecían horas. En ese tiempo, descontando mi fugaz viaje a la maquina expendedora, había organizado el fin de semana, cazado un par de rinocerontes e incluso salvado al mundo de la amenaza mutante. Me aburría, eso estaba más que claro.

La sala de espera se hallaba ya casi vacía puesto que mi juicio era el último del día y, para variar, hubo un retraso provocado por una pelea entre un abogado y su cliente. No tenía a nadie con quien conversar, ni a quien observar.

Saqué mi teléfono móvil y empecé a escribir un mensaje “Me aburro. Esto esta tardando mucho. No me llaman. No me escriben. ZZZ” Lo envié a unos cuantos amigos esperando que me respondiesen y sacasen del tedio, pero advertí que estaba prohibida la utilización de teléfonos móviles en la sala.

  • ¿Contrató usted con el acusado un servicio de asistencia informática
  • PIPI!!! PIPI!!!

Que horror. Activé el modo silencio del teléfono para evitar que sonase. A continuación lo apagué, ya que el efecto de la vibración podría provocarme cosquillas y no quería ser acusado de desacato. Cuando saliese del juicio ya leería las respuestas.

¿Es que no me iban a llamar nunca? Mi paciencia se estaba agotando por momentos, como se agotan las velas. Recordé que tenía que comprar bombillas para la cocina, pero no pude apuntarlo en la agenda, ya que tenía el teléfono desconectado. Sabía perfectamente que si lo encendía para no olvidarme de ello me llamarían para entrar a declarar, así que decidí no encenderlo y no olvidarme de ello. Realizando un ejercicio de memoria asocie el hecho de encenderlo con la compra de las bombillas. Solucionado.

Treinta minutos después seguía en aquella sala. Esperando o desesperando. Empezaba a tener hambre y seguro que los de dentro también lo tenían. Al lado de la maquina de bebidas había otra de picoteo. Sandwiches, bollos, chocolates, todo se veía muy apetitoso, pero ¿que sensación daría si abriese la boca y la tuviese con restos de comida? Se debilitaría mi credibilidad, sin duda, y eso es algo que no podía consentir, aunque la idea de que mis tripas testificasen por mi tampoco me agradaba.

Cuando estaba ya apunto de volverme loco, de encender el teléfono, de comer una chocolatina, beberme una coca-cola y danzar por el pasillo contiguo se abrió la puerta. Esperaba que saliese la agente judicial que avisaba de la entrada en la sala o bien que saliese mi abogado para indicarme que pasase, no esperaba que saliesen todos.

Mi abogado salia conversando con el fiscal, se despidió de él y acudió a mi vera.

  • Mala suerte, chaval
  • ¿Hemos perdido? - Pregunté sorprendido - , pero si no he entrado a declarar.
  • No, no – Me dijo intentando tranquilizarme – no me refería a eso. El proceso se ha alargado un poco y se ha decretado un receso hasta el lunes a primera hora.

Odio esperar, me produce una sensación de perdida de tiempo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Desaparecí de tu vida (extraido de ¿Cómo vas, VIC? TIRANDO)

Desaparecí de tu vida para no hacerte más daño. Mis palabras hurgaban la herida y profundamente cayó el desaliento, al soplar por las noches el viento, sentías tu cama vacía y las noches tan solas. 

Me oculté en las sombras y huí como un canalla, yo otorgaba; Calla, me decías, no me hables, no destruyas el infinito cielo con tus mentiras e ilusiones, con tus rosas de colores, con tu labia viperina, con tus juegos de piscina, con el sol por la mañana y la luna llena de gracia... Todo eso, era todo eso. 

Desaparecí en combate, huí por la mañana, dejando un rastro de dolor y nada de coraje. De buena mañana, te levantaste sin ganas, ni orgullo, ni pasado ni presente y sin los dos dedos de frente que te caracterizaban por entonces. 

Marché pronto y sin mirar atrás, marché insensato y sin respirar. Cogiendo carrerilla y hasta el final, dejándote sola sola, y sin ganas de nada más. 

Destrozada y abatida, cruel punto de partida, para nada más, para nada menos, rompí la madrugada y escape por la ventana que daba al caos y a la desesperación. 

Soplé las velas, y se oscureció aún más la noche. 

+ (extraido de ¿Cómo vas, VIC? TIRANDO)

Búscate a ti mismo en las ramificaciones vivas y herbóreas. Búscate en la mañana, en la noche, en el diario, en el candor de un niño... No le robes los caramelos. Deja de hacer el canelo.

Búscate a ti mismo y resucita al alba, porque no es bueno morirse por las noches, no es bueno dedicar la vida al arte del trabajo, despacio y sin prisas.

Busca una madrugada y piérdete en el olvido. Que nadie te recuerde, que nadie te señale, que nadie se interese por tus menesteres. Solo, tranquilo, feliz.

Anímate a escapar de la rutina, rompe con la monotonía y haz de cada día el primero y el último, no tengas que después arrepentirte de lo que no hiciste, de lo que no dijiste de lo que no soñaste

Busca en mi armario un poco de cordura. Acúnala a tu vera y disfruta de la aventura. Se fiel y sincero, noble caballero, y si los demás hacen trampas, caerán al suelo por su propia caña.

Remóntate a tiempos perdidos, a la infancia, o al castigo. Remóntate hasta el siglo XX. Rememora y celebra tus logros y derrotas. Celebra que al fin y al cabo, después de tanto malo, tanto sufrimiento y tanta agonía el día se levanta.

Hagas lo que hagas, siempre tendrás un día más para seguir soñando.

Solo soy (extraido de ¿Cómo vas, VIC? TIRANDO)

Solo soy un aspirante
de tu cuerpo a poder amarte
y estoy
esperando por ti.
Solo soy un replicante,
mi vida entera es adorarte
y estoy
esperándote aquí.
Son tantos los motivos
por los que ya no vivo,
Son tantas tus razones
por las que me enamores.
Son rápidos los días,
son tantas tus manías,
son roca y artefacto,
me enamoro en el acto
de ti.
Solo soy un espejismo
de tu piel hacia el abismo
y estoy
vacilando por ti.
Solo soy un mercenario
que te ama a diario
y estoy
extorsionando por ti.
Son blancos mis lamentos,
huyen hacia el firmamento,
se enredan en tu pelo
hasta llegar al cielo,
me regalan tu sonrisa
que aparece con la brisa
de una mañana errante,
tarda solo un instante.
Y recuerdo de repente
Tus caricias y tus besos,
y recuerdo cara a cara,
cuando amar no era nada,
cuando solos éramos solos
sin nadie alrededor,
sin más preocupación
que comernos a las dos …....
Solo soy un despojo,
a tus brazos yo me arrojo
y estoy
creando por ti.
Solo soy un decadente,
esta ciudad me deprime de repente
y estoy
demoliendo por ti.
Solo soy un amante
de tu espíritu y de tu carne
y estoy
y estoy amándote a ti.

martes, 21 de septiembre de 2010

CODA

Coda es un niño de 10 años que vive plácidamente junto a su familia en una zona obrera de una gran ciudad. Su padre trabaja en una fábrica y su madre hace pequeños encargos para una tienda de ropa. Su hermano mayor va a la universidad y es el motivo de orgullo de todos ellos.

Coda es alegre, generoso y dicharachero. Nunca para quieto y son muchas sus aficiones; Fútbol, canicas, videojuegos, pero la joya de la corona es su colección de cromos. A ella dedica las horas, aunque se encuentra incompleta, ya que le faltan un par de jugadores y algún fichaje de última hora que la editorial aún no ha empezado a vender.

El padre de Coda le ha prometido que dentro de dos domingos le llevará a una tienda donde conseguirá los cromos, pero no puede esperar. Necesita completar la colección, es una obsesión que le ha tenido varias noches sin dormir.

Así pues, por su cuenta y riesgo, sale de su casa deprisa, después de coger unos billetes a su madre, a buscar la tienda, a conseguir los cromos y a calmar su ansiedad. Por fortuna la tienda no se halla lejos, así que acude andando hacia ella.

Cuando se encuentra a mitad de camino, unos niños mayores le detienen y le interrogan. Él, inocentemente, les cuenta el propósito de su viaje y estos le quitan el dinero después de darle un par de empujones y salir corriendo con su botín. Coda se queda llorando, lamentándose por el error cometido al ir solo.

Por suerte para él, le han robado en su barrio y es la hora en que su hermano vuelve de la facultad. Le consuela y escucha. De la descripción rápida e inexacta que da Coda consigue identificar a uno de los asaltantes. Le da un beso y le dice que vaya a casa y no le cuente nada a su madre. Mientras corre hacia su casa, su hermano de va directo al parque, donde espera encontrarles.

Entra corriendo en la casa, alterado, pero sin responder al interrogatorio de su madre sobre su actitud y los moratones. Se encierra en su cuarto intranquilo. El tiempo pasa muy despacio, pero al fin aparece su hermano con una sonrisa. Entra en su cuarto y le entrega el dinero, que Coda reintegra al bolso de su madre.

Al siguiente domingo, consigue que su padre le lleve a la tienda y completa la colección, que a partir de ahora mostrará orgulloso a sus amigos. A su hermano le deja encima de su cama el cromo de su jugador favorito y el teléfono de Rosa, la hermana de uno de sus amigos y en la cual se había fijado con anterioridad.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Yo la sentaba en mi regazo

Enloquecía solo a su contacto, era la reina de mi cama, aunque nunca la quiso, la muy fulana. Era la dueña de mi risa, la cantinera de mis buenos ratos, la concubina que nunca tuve. Ella me daba, muy de cuando en cuando, un beso casto y rapidito, que me dejaba el aroma de su piel y una sonrisa.
¿Era suficiente? En aquellos momentos lo era. Me hubiese gustado que la cosa hubiese ido más rápida, pero la velocidad de crucero era aceptada en el mando estelar. Cuaderno de bitácora, fecha estelar día 25; hoy hemos tomado cafe con pastas. Nos rozamos la mano y ella no la quito. Haciendo progresos.

A los dos meses empezó a erizarse el vello cada vez que la tenía delante. No era casual, fue una técnica que aprendí para intentar atraer su atención sobre mis brazos y conseguir una de sus caras caricias. Casi nunca resultaba, pero al menos mantenía mi mente distraída, sin pensar.


Me mantuvo a raya, mantuvo la expectativa y vendió caro su amor, lo cual me hizo apreciarlo. Cada beso, caricia, achuchón, era considerado por mi parte como un gran triunfo. Glorioso. Lentamente, como debe de ser. Suavemente, sin prisas.


Cuando llegado el momento, creí que era la hora de avanzar y llegar a cotas más altas, alquile un apartamento cerca de su trabajo, para que no tuviese que desplazarse mucho. A desgana aceptó y se instalo conmigo. Que sensación, la madurez.

Nuestros más y nuestros menos tuvimos hasta acoplarnos, llegar a estar a gusto en la misma instancia, y tras un año así decidí pedirle la mano, el brazo y todo su cuerpo enteramente, ofreciéndome yo mismo a cambio. Se que no era buen trato, pero aderezado con mis virtudes, defectos y un ascenso que me habían prometido ella no pudo negarse.


Celebramos convite, los amigos vinieron, nos ofrecieron sus buenos deseos y alabanzas, y la necesidad de aportar herederos a mi casa familiar. Día de celebración. Día de mal recuerdo, pues sin saberlo, acababa de sellar mi final. Al menos el final de esa historia.


Ella me abandonó en la luna de miel, por un autóctono bien dotado. Musculoso, cariñoso. Se entregó a él y a sus bajos instintos. Recordé lo que había sufrido yo por un beso, lo que me costo un abrazo tierno, el coste ilimitado de un te quiero. Agua. Todo se borro como el agua.


Lo peor fue volver solo a casa, el dar explicaciones a la familia y amigos. Recibir la citación para el divorcio, tener que vender mi casa, tener que empezar de 0. Caer en una depresión y no salir de ella hasta el día de hoy. Hoy fue un buen día.





jueves, 2 de septiembre de 2010

Bloody

Sin tu risa he perdido la alegría de vivir. Sin tus besos, sin tus manos, ya no me acuerdo de sentir. Al menos no de lo que antes sentía. Tu cuerpo pegado al mio. Frío. Inerte. Caen dos gotas por mis mejillas.

sábado, 14 de agosto de 2010

El salón

Loca, ¿como se te ocurre apagar las luces de la casa? Acaso no sabes que al Señor no le agrada la oscuridad. Da igual, ya la enciendo yo. Menudo desastre, ya podrías alcanzarme los fósforos. Nada. Estas sorda, muda y sin ganas de moverte del sofá. Ya lo haré yo.

Recuerda querida que las instrucciones de los señores fueron claras y concisas, la luz tenía que inundar la casa todo el día, aunque fuese de noche. Si, ya se que no sufren de insomnio, ni les gusta caminar de noche, que la Señora tiene el sueño pesado y que el Señor duerme de un tirón toda la noche, pero por alguna razón que desconocemos y no nos interesa, quieren la luz encendida, y eso es lo que haremos.

Ya esta, gracias por no ayudarme en tan ardua tarea; mañana, cuando tengas que preparar la comida no cuentes con mi destreza cuchillera para ayudarte a pelar esas patatas. ¿Me estas escuchando? ¿quieres prestarme algo de atención? Ya te has dormido. Otra vez lo mismo, despierta querida, despierta. Nada, no hay manera. Estas fría … maldición. No te consigo coger el pulso. Cariño, cariño, dime algo despierta. Nada, ni con bofetadas te reanimas. ¿Que es lo que te ha pasado? Mi vida. No puede ser. No puede ser.


Se han apagado todas las luces al mismo tiempo, la brisa recorre la estancia. Cariño, ya se lo que te ha pasado y porque ignoraste las ordenes de los señores. Pronto estaremos juntos los tres.