viernes, 29 de enero de 2021

Otro domingo

Otro domingo tranquilo, pero provechoso. Me desperté a las nueve de la mañana y desayuné tranquilamente unas magdalenas que mi novia me había comprado. No quería desaprovechar el día libre y me decidí por sentarme en la butaca a leer. Hacía mucho tiempo que no leía ya que normalmente suelo leer en el metro y con la pandemia he decidido cogerlo lo menos posible.

Después me fui a comprar mantequilla, ya que la necesitábamos para hacer una de las comidas de la semana. Fue un paseo agradable y la única vez que he respirado aire libre en el día. El supermercado estaba poco concurrido y tarde poco tiempo.
Tras esto fui al trastero. Hice fotos a varios juegos y miniaturas que puse a la venta en wallapop. Tengo que hacer hueco y ese dinero extra me permite comprar juegos y miniaturas nuevas para rellenar ese hueco que se crea en el trastero al realizar las ventas.

Llegó la hora de la siesta tras la comida y decidimos ver “Anastasia”, película que ignora totalmente la historia (no por los Romanov y Rasputin, sino por su explicación de la revolución rusa). Entretenida para no hacerla mucho caso.

Mi chica se puso a estudiar y yo me senté en el ordenador a repasar mis objetivos de 2021, a valorar las diversas opciones que tengo y a ver vídeos musicales de los 80 en youtube (mi pequeño gran vicio). Y de ahí a apuntarme a tres cursos de Domestika no recuerdo mucho.

lunes, 17 de septiembre de 2018

TRISTE Y CUTRE HISTORIA


Suena una canción triste en el club mientras apuro la cerveza. Apuraba, que he tomado el último trago. Chaqueo los dedos y el camarero acude presto para servirme otra. Le llamaría por su nombre, pero nunca se me ha dado bien escribir el puñetero élfico de las narices. Al menos este parece un poco más alegre que el anterior, deben haber aligerado el peso de la bola a la que está atado para que no salga volando del local. Me olvido del pequeño y me apoyo en la barra mientras veo a la belleza verde que susurra la letra de una canción que no conozco. Le pone empeño, aunque no deja de ser la pobre orca que salió de su aldea para venir a triunfar a la gran ciudad. Se ha encontrado con la triste realidad de pub de mala muerte y babosos en primera fila ¿Estoy preocupándome por ella? ¿por el jodido elfo? Me doy cuenta de que estoy en la típica escena barata de relato cutre y asqueroso, de esos que inundan los papiros. Escupo al suelo y dos parroquianos asienten imitándome.

Pago al elfo lo que se debe por qué no quiero tener problemas con los trolls de la entrada. No es que tenga miedo de liarme a golpes, sino que serví con uno de ellos hace tiempo en la policía. Que buenos tiempos: Palizas, sobornos y redadas clandestinas. Saludo a Gringh al pasar, aunque él no me responde. No se lo tengo en cuenta, ya que es demasiado estúpido.

Voy dando tumbos por las calles hasta llegar a mi motocicleta. Algún hijo de mala madre se ha meado en la rueda trasera. Le maldigo a él y a todas sus esporas. Me pongo el casco rojo y me meto en la circulación. El queroseno llega al depósito y la velocidad aumenta considerablemente. Esquivo los radares y a las patrullas. Ya os he dicho que no quiero bronca esta noche con antiguos compañeros; Hoy tengo otro objetivo.

Enfilo los 40 kilómetros de la avenida central. Sus casas altas y de colores brillan en la oscuridad intentando llamar la atención de los conductores. Buscan un accidente para asaltar a los supervivientes. Hay que tener cuidado, que nunca se sabe quién va a salir (mi casa está en el kilómetro 36. Os lo aviso para que no haya problemas si os reviento la espina dorsal algún día).

Al fin llego a mi destino, a una casa grande y lujosa en pleno centr. Está bien custodiada y a su alrededor se establece un amplio perímetro de seguridad. Aficionados.

Embisto con mi moto la puerta principal. No cede, pero aun así insisto. Suenan las alarmas y los guardias aparecen. Esos cafres son los que primero disparan y después preguntan. Tengo suerte de que un arquero orco sea más inútil que una esponja. Abren la puerta armados con porras. Yo solo tengo mi casco, por lo que estoy en gran ventaja. Colocado en mi puño causa devastación entre los primeros tres guardias que tan amablemente me han abierto la puerta. La sangre verde tiñe el rojo. Me gusta.

Me cruzo al menos con cinco guardias más hasta que entro en el gran salón. Amplio, confortable, sucio. Hay que reconocer que el tipo tiene estilo. Los dientes de sus adversarios derrotados decoran la estancia junto con porras, ballestas, cabezas disecadas de trolls y algunas baratijas.

Gruño, gruño muy fuerte. Es un reto, un desafío primal. No podrá resistirse. No lo hace. Aparece tranquilo, con su bata roja y su pipa de madera (robada, sin duda alguna, a algún orfebre enano). Está tranquilo, parece que me esperaba.

-          Haz tardado mucho.

-          El tiempo no ez problema para nosotroz- Respondo tranquilamente.

Sé que os parece raro. Es por esto por lo que hago un pequeño parón en la narración. Sí, desde el principio estoy escribiendo mal. Es solo para que los esclavos humanos puedan leer (sí, algunos pueden aprender) y comprender las líneas que estoy escribiendo. Los diálogos los pondré en orco, que tampoco he de dejarles las cosas sencillas.

-          No, no lo ez – Aspira y de su boca sale Gorko en forma de humo.

-          Tienez algo mío. Lo quiero, lo necezito.

-          Zi ezto ez por la humana, llegaz tarde

Pienso en Bielen, la cintura morena que me volvía loco. Sí, también tenemos nuestras necesidades. Malditos humanos.

-          No. Eza no era pa mí. Ni pa ti. – Abro la boca y le dejo ver mi dentadura.

-          Ah, tu diente – Me da la espalda, sin duda decepcionado – Que banal y predecible.

Su error es darme la espalda. Salto sobre él y le golpeo con todas mis fuerzas. Cae. Sigo golpeándole hasta que su cara no es más que líquido verde por todos lados. Golpeo su mandíbula una y otra vez hasta que cede y sus dientes caen por el salón. Yo no soy tan fino como él. Encuentro un diente que me encaja en mi hueco.

-          Zi, ezte servirá.

Salgo de la casa y monto en mi moto. Meto el diente en un bolsillo de mi cazadora y tiemblo al pensar en mi próximo destino: un puñetero dentista gnomo.

domingo, 19 de junio de 2016

Ritual satánico


  • Por el odio de Satanás ¿Vas a hacerlo o no? - Preguntó el demonio más bajo a su compañero, que sostenía la daga.
  • Es tan perfecta, tan pura, tan especial.

No había manera. Llevaba así un buen rato, observando a la bella ninfa que habían secuestrado horas antes. El demonio bajito estaba empezando a perder la paciencia.

  • Mira, Zevucón, tenemos un horario. Déjate ya de tonterías, procede a arrancarla el corazón y así Hades se sentirá dichoso y no nos asará como pavos.
  • Ay, Meturén – contestó Zevucón – Me pides que acabe con la vida de esta preciosa ninfa simplemente para evitar nuestra muerte, para conseguir un poco de poder, para progresar y conseguir nuevos cuernos ¿Acaso es eso todo en la vida?
  • En la nuestra sí, idiota. Somos demonios. Sembramos el mal y propagamos el terror. Está dentro de nuestra naturaleza.
  • ¿Y si mi naturaleza me impidiese realizar el sacrificio? - Reflexionó - ¿Y si quisiera una vida mejor? Imagínate – Su brazo trazó un movimiento horizontal y Meturén tuvo que apartarse para que la daga no le cortase – sería bonito vivir en la superficie, poder ver el sol, la luna y las estrellas todos los días, construir un hogar y envejecer.
  • Me pregunto que brebaje habrás ingerido para decir tantas tonterías – Metusén estaba cada vez más perplejo- Mátala de una vez y vamos a torturar escitas.
  • No pienso matarla- Dijo Zebucón cruzándose de brazos, con la daga debajo de su axila izquierda.
  • Vas a matarla. No hay otra opción.
  • No, me declaro pacifista no violento – Dijo mientras alzaba las dos manos cual mesías de tres al cuarto
    - ¡Te he dicho que la mates! - Gritó golpeando la piedra de sacrificios.
  • ¡No!
  • ¡Si! - Grito más fuerte
  • ¡No! - Grito enseñando los dientes.
  • ¡Te he dicho que sí! -
  • ¡Que no lo voy a hacer! - Mientras Zevucón gritaba mientras bajaba su mano derecha arriba y abajo aferrando fuerte el cuchillo y clavándolo en el cuello de la ninfa. No se dio cuenta hasta que vio la cara de satisfacción de su jefe. Soltó el ensangrentado cuchillo, se miró las manos y suspiró.
  • Ya era hora – Metusén se secó el sudor de su frente roja con la mano – Condenación eterna para ti, enhorabuena. Otro compañero más para el mus. Vamos afuera, que quiero fumarme un cigarrito y no entiendo porqué no nos dejan hacerlo aquí.


miércoles, 2 de marzo de 2016

Burke

El capitán Burke se dio la vuelta tras el empujón recibido. Se le veía furioso, empapado por la cerveza que había derramado su jarra. Antes de que pudiese gritar recibió un fuerte puñetazo que le hizo retroceder unos pasos. Le perdí de vista unos momentos, hasta que se acercó a la joven que le acababa de golpear.  Ella lo volvió a intentar, pero el capitán detuvo el golpe con su brazo izquierdo, la levantó con su mano derecha y la lanzó contra una de las mesas cercanas, provocando que se vertiesen varias jarras. Uno de los tres bucaneros de la mesa se levantó y se enzarzó con el capitán en un combate a golpes mientras cundía el caos en la taberna. Los taburetes empezaron a volar, mientras piratas de diversas tripulaciones se golpeaban sin orden ni control. Todos se lanzaron a la tumultuosa refriega, menos yo, que observaba desde un rincón la escena.  

Silvie, que era el nombre de la joven que había empezado todo, se reincorporó justo a tiempo para esquivar a un pirata algo entrado en años que cayó a su lado. Esquivó un par de golpes y se parapetó detrás de una mesa. Utilizó la pata de un taburete roto para defenderse hasta que otro pirata atrajo la atención de su atacante. Se subió encima de una mesa y pateó la cara de un pobre desgraciado que osó agarrarla del tobillo.

A lo lejos el capitán Burke, el objetivo, estaba destrozando a golpes a un grumete. Silvie se le fue acercando cada vez más. Esquivaba al resto de marineros y les golpeaba directamente a la tráquea si no se apartaban. Él no la vio venir. Estaba riéndose frente a su última víctima cuando notó un dolor inmenso y cayó al suelo. El golpe bajo que recibió desde atrás fue demasiado para el grandullón. Se retorció de dolor hasta que la bota derecha de  Silvie le mandó al país de los sueños. La trifulca cesó entonces.

La joven pelirroja caminó hasta mi mesa, se sentó a mi lado, tomó un trago y dijo.

-      -  ¿Cuándo dices que partimos de Tortuga?

martes, 16 de febrero de 2016

Ven


Abrió la puerta muy despacio mientras buscaba con su mano el interruptor de la luz. Lo presionó, pero no sucedió nada. Trasteó en su móvil hasta que encontró la aplicación de la linterna y al fin pudo ver el recibidor. Decidió que ya bajaría después al cuarto trastero a comprobar los diferenciales. Estaba inquieto desde que había recibido aquel mensaje de texto en su móvil de la mujer con la que compartía su vida desde hace un par de años: “Ven”. Mal presentimiento. 

Alzó su voz, dijo su su nombre y ella no contestó. Todo parecía calmado. Se abrió paso por el salón hasta llegar a la habitación. La puerta estaba entornada y tras ella la observó tumbada en la cama, boca abajo. Llevaba puesto un camisón negro y pensó qué se habría dormido mientras le esperaba. Fue a arroparla con la sábana y al mirarla a la cara se quedó petrificado. Le cogió de la mano, pero no tenía pulso. 

Sus ojos estaban blancos y su cara tenía una expresión desagradable. Aún no estaba rígida y darla la vuelta fue muy sencillo. Las manos estaban cerca del vientre, llenas de sangre. Sangre que había brotado de las múltiples heridas que tenía en el pecho. Sangre que manchaba la cama, aunque antes no lo hubiese notado. Horripilado por la escena se apoyó en la mesilla y, con mucha torpeza, tiró todo lo que allí había. Alumbró el estropicio con el móvil. Observó un gran cuchillo manchado de aquella sangre. Lo cogió. No era suyo, no lo había visto nunca. 

La sirena del coche patrulla le hizo soltarlo de golpe. Miró por la ventana y vio como dos agentes bajaban del coche y se dirigían a su portal. Seguía en estado de shock, pero su instinto le impulsó a salir corriendo. Bajó en el ascensor hasta el garaje, se montó en su descapotable rojo, arrancó el motor y condujo lo más rápido que pudo sin preocuparse del destino; alguien había ensuciado el suyo.

martes, 27 de octubre de 2015

Misterio

Me llamo Victor, varón, 33 años y soy escritor ocasional. Es simplemente un hobby; nada más y nada menos. Yo trabajo en una entidad financiera y la verdad es que mal no me va, pero tampoco bien; digamos que estoy en un momento estable de mi carrera. Ello supone que mi retribución sea … llamémosla insuficiente para aguantar el tren de vida que me gusta llevar y esté obligado a alquilar una de las habitaciones de mi morada para poder tener pequeños caprichos.

Cuando conseguí deshacerme de mi primer inquilino me sentí aliviado, contento y liberado, pero por un golpe de mala suerte que tuve me vi obligado a volver a alquilar aquella pequeña habitación. Mi casa constaba de tres habitaciones, siendo la que alquilaba la mediana, unos 5-6 metros cuadrados, rectangular y con el espacio justo para cama, ordenador, estantería y armario. A ver a que friki conseguía engañar para tener el ingreso extra y poder seguir disfrutando de mi soltería.

Siempre he sido muy especialito, la verdad. Con la comida, con el trabajo, con mis cosas … y con mi casa aún más. Tenía que empezar a hacer un algoritmo para encontrar al candidato perfecto (dudaba que una mujer siquiera se atreviese a responder a un anuncio, y si entraba en mi casa, se asustaría). No podía fumar, eso era requisito imprescindible, puesto que mi tolerancia al tabaco es 0. No podía ser demasiado social, puesto que me llenaría la casa de gente extraña. Demasiadas preguntas descalificadoras. La tarea iba a ser ardua.


Buscaba a alguien de confianza, a poder ser, alguien conocido, o conocido de conocido, alguien que no se llevase todas mis cosas mientras yo estaba trabajando, ni que se asustase por mi colección de cómics, miniaturas y DVDs. Así que empece por comentarlo a mi circulo cercano; familiares, amigos y compañeros de trabajo. Y allí encontré lo que buscaba.

El marido de mi antigua jefa era profesor en una universidad local y ,como todos los años, recibía una cantidad importante de becarios de EE.UU. Era Agosto y ese año no iba a ser una excepción, por lo que concrete con ella que uno de aquellos estudiantes se alojase en mi casa durante el curso escolar. No era mi ideal tener un yanki en mi casa, a pesar de que supuestamente eran gente normal y formal, estaba convencido que se emborracharía los fines de semana y tarde o temprano empezaría a traer amigos y amigas a casa.

Pacte con Asún que en mi casa se hospedaría el más formal de todos ellos, indicándome ella que la suma que iba a pagar era bastante jugosa; el doble que el alquiler del anterior inquilino. Buena perspectiva que mejoró considerablemente cuando me indicaron que en mi casa se hospedaría Sue, una chica americana de 20 años, estudiante de Biología. Todos hemos visto las series americanas y como el convivir en la misma casa genera el efecto atracción. Me empezaba a gustar la situación, así que fui a recoger a Sue a la Universidad el día que llegó.

De primeras quede decepcionado. No era porque la chica no valiese la pena, que si lo valía, solo que me imagine una rubia, alta, tetona y culona y me encontré con una virginiana, bajita y morena. Aún así desempolvé mi inglés y trate de no hacer el ridículo. Ella no sabía español. Chapurreaba alguna palabra suelta, pero no podía construir frases enteras.

Tras acomodarse en la habitación, le di las normas de la casa para tener una buena convivencia y no ser deportada a la pensión “Lola” más cercana. Ella las leyó, me soltó un “nice to meet you” y se metió en su habitación. No salió a cenar (debería llevar la cena en la mochila) y durante los siguientes tres días mi trato con ella fue escaso. El cuarto día la vi entrar en casa cuando yo me iba a acostar. Por lo visto tenía los mismo horarios que mi anterior compañero de piso.

Y no solo los horarios, tampoco charlaba conmigo. Se pasaba todo el día en su cuarto estudiando. No cenaba conmigo ni pedía que le comprase comida. Se levantaba tarde, ya que tenía las clases por la tarde, y comía por ahí. En los primeros dos meses solo notaba su presencia ocasionalmente, porque era increíblemente silenciosa. Yo creía que me había tocado la lotería, y de cierta forma, así era.

Pero había algo que me intrigaba, ni un solo amigo, ni una sola llamada de teléfono, ni un SMS, nada. Menudo bicho raro que tenía en el cuarto de invitados. Hablar con mi antigua jefa solo sirvió para confirmar mis sospechas. No era la más popular del campus, ni aparecería en ninguna clase de rankings; el 90% de los alumnos incluso desconocía su existencia.

Dejé pasar el tema, al fin y al cabo a mi lo que me importaba era que pagaba religiosamente, que no ensuciaba mucho y que no me daba ni un solo problema. Bueno, no me dio problemas hasta aquella noche. Ahora ya se porque odio los domingos.

Ella había salido a pasar el día a no se donde, seguramente sola, y yo descansaba plácidamente en mi cama cuando de repente oí un pequeño ruido que provenía de la cocina. Cauto y miedoso decidí no darle la menor importancia, pero volvió a sonar, como si algo estuviese dando golpes. Genial.

Cobarde y afligido abrí la puerta de mi cuarto con el teléfono móvil en la mano por si acaso. Era un mecanismo de seguridad, puesto que sigo sin entender de que me iba a servir el móvil apagado. Avancé hasta la cocina, abrí la puerta y volví a escuchar el ruido claramente. Mis ojos se dirigieron al lavavajillas, cuyo programa aún no había terminado. Idiota.

Volví hacia mi cuarto, pensando en lo estúpido que había sido, aparte al perro de mi camino, entre en mi habitación, apague la luz y... ¿desde cuando había un perro en mi casa? Me levanté rápidamente, encendí la luz (olvidé coger el móvil) y salí al salón, donde había visto al animal, pero no estaba allí, ¿me estaría volviendo loco? Creía que si.

Hice mal en comentarlo con amigos y compañeros de trabajo. Todos creían que se había tratado de una pesadilla demasiado real. Al fin y al cabo, al día siguiente comprobé que no había dejado el lavavajillas funcionando. Yo no estaba tan seguro.

Decidí comentarlo con Sue, pero tarde tres días en poder tener una conversación con ella. Ella, milagrosamente puesto que no se relacionaba con nadie o eso creía yo, hablaba ya español decentemente y me comentó que ella no tenía animales en casa. Que en Virginia su familia tenía varios perros, un par de caballos e incluso una pequeña granja de hormigas propiedad de su hermana, pero que estaban bien lejos en su país.

No me sorprendió cuando, a la noche siguiente, al ir al servicio en una de mis múltiples ocasiones, descubriese una colonia de hormigas en mi salón, la cual fue inmisericordemente purgada. Ni cuando tres noches después un caballo ocupó mi baño por tres horas. No estaba sorprendido, estaba asustado, muy asustado. Había perdido la cabeza, sin duda.

¿Con quien podía hablar? ¿Iba directamente al psiquiátrico más cercano y ya? Demasiadas preguntas, imprecisiones, problemas en el trabajo. El estrés hacia mella en mi persona. Debía dar una respuesta lógica y razonable o no volvería a estar cuerdo.

Una noche, cuando sabía que Sue no estaba, me arme de valor para registrar su habitación. Guantes para no dejar huellas, pasamontañas para no ser reconocido, por dios ¡si solo iba a entrar en mi cuarto de invitados! Cualquier precaución me parecía pequeña, así que cogí uno de los cuchillos que tenía en casa para cortar los filetes.

Con sumo sigilo abrí la puerta de la habitación, más no vi nada extraño. Tentado estuve de revolver los cajones, pero no creo que encontrase nada. Incursión fallida, vuelta a la habitación, pero antes de que pudiese hacer nada oí la puerta que se abría. Sue regresaba pronto esa noche.

Mi corazón se aceleró y creí que iba a explotar ¿Solo porque una joven americana me pillase en su cuarto? Que iba a hacer ¿denunciarme? Ya estaba loco perdido, así que tenía poco que perder. Sue no entró más allá. Cogió las llaves del trastero y se fue. Mi oportunidad para salir, volver a mi habitación y pensar en el nuevo plan.
Aquel día no fui a trabajar. Estaba enfermo, o eso es lo que les dije a los del trabajo. Me quede en la cama, dándole vueltas a la cabeza; quería estudiar a Sue. Me levanté y las llaves del trastero estaban en su sitio. No podía despertar sus sospechas, así que cuando me vió en casa, le comenté que estaba enfermo y que no iría a trabajar. Ella lo escucho con desgana.

Observe su ritual de desperezamiento y comprobé lo que ya suponía. No desayunaba. Me dedicó una sonrisa antes de salir. Cuando supuse que habían pasado 20 minutos cogí las llaves y baje al trastero. ¡¡Que desilusión!!. No había nada raro, estaba tal y como yo lo tenía a pesar de no haber bajado en dos años. Cerré la puerta. Bueno, no había más que hacer, solamente rellenar el impreso de alguna institución psiquiátrica o, mucho más divertido, hacer equilibrios desnudo en alguna azotea con mi bicicleta ¿Estarían hinchadas las ruedas? Volví a abrir la puerta, encendí la luz ….. ¿que demonios? Ese no era mi trastero.

Comprobé horrorizado que mi bicicleta estaba inservible, sus radios estaban llenos de sangre y vísceras. El suelo era pegajoso. Las arcadas fueron el preludio de una buena vomitona en el pasillo. Cerré la puerta y la volví a abrir. Para mi sorpresa volvía a ser mi trastero. Ni sangre, ni vísceras, ni nada. Pero mi vomito si fue real y la sangre en mi mano también. Lo limpie para evitar que Sue supiera que yo ya sabía que algo iba mal.

No conseguí volver a ver el cuarto trastero alternativo. Imposible. Por muchas veces que abriese o cerrase la puerta, nada. No tenía mucha hambre, pero era la hora de comer y decidí hacerme un bocadillo. Con desgana acabé con él. Toda la tarde estuve pensando como podría volver a ver lo que vi, estudiar la situación. Había perdido por completo la cabeza.

Internet fue mi gran aliado. Busque en la red y leí mucho sobre habitaciones que cambian de plano, sacrificios rituales y demás zarandajas. Pero nada. Ninguna de sus respuestas, ninguno de sus trucos me sirvieron para abrir de nuevo la puerta y encontrarme con ese horror ¿Pero porque quería volver a verlo? ¿Era para cerciorarme que no estaba perdiendo la razón?

Tomé la determinación de esperar a que llegase Sue, entrase en su habitación, se durmiese y atacarla. Inmovilizarla y obligarla a que me revelase que era lo que estaba pasando. Genial, un buen plan. Y si era una bruja con poderes paranormales o una vampira, o, quizás peor, una extraterrestre ¿que iba a hacer yo? Mi plan hacía aguas por todos lados, pero a estas alturas de la película ya no me importaba nada.

Fase uno del plan completa. Fase dos completa. Abrí la puerta de mi habitación con el cuchillo en mi mano derecha y mi mano izquierda adelantada. Tome aire y respiré profundamente, tras aquella puerta podía acabarse mi historia. Uno, dos, tres, abrí la puerta rápidamente y sin encender la luz salte sobre la cama vacía. No estaba. Sue no estaba.

Desconcertado me quede un segundo pensando, salí, cerré la puerta y la volví a abrir ... y allí estaba Sue, durmiendo en una cama enorme, en una habitación enorme … esa no era mi habitación. Era una habitación inmensa, sin paredes, sin final, con los animales, con la hermana de Sue, con Sue. Y se despertó.

Intenté salir, pero no veía la puerta. Había desaparecido, junto a todas mis esperanzas de salir indemne de la excursión. Apreté el cuchillo con mis dedos y me lance hacia adelante; si iba a morir, por lo menos moriría atacando y con estilo. Como Logan. Como el mutante de las garras y el factor de regeneración. Para mi sorpresa, a mitad de camino, el cuchillo desapareció de mis manos para aparecer en las suyas.

Su hermana se despertó. Ella si era rubia, pero era joven; unos doce años, calculaba yo. Sus ojos se volvieron negros y mi cuerpo comenzó a temblar. Note un dolor agudo en los gemelos y caí al suelo. Sue se acercó tranquilamente, sin nada que temer. Recé para que mi muerte fuese rápida

    • No entiendo porque has tenido que meterte en mis asuntos – Me dijo en un español más que correcto, sin muestra de acento - ¿Y ahora que hago contigo?
    • Padre – Dijo la hermana de Sue, aunque aquello ya no me desconcertó – déjamelo. Sera buen alimento y sirviente.

Sue o lo que fuera sonrió en forma de aceptación, y su hermana comenzó a reptar por el suelo conviertiéndose en una horda de hormigas que empezaron a deshacer mi carne y a comérsela. El dolor que sufrí fue indescriptible. Arrancaron hasta el último trozo de carne de mi ser, dejando tan solo los huesos. Seguía siendo consciente de todo lo que pasaba, hasta que Sue aplastó mi cráneo contra el suelo.

Aún no se ni como, ni porque, pero desperté en mi cama. Sue ya no estaba, ni volvió a la facultad. Nunca hable de esto con nadie, al fin y al cabo quien me iba a creer. Estaba totalmente recuperado, sin ningún rastro de aquella experiencia ….. salvo que a veces me duelen los gemelos.


domingo, 30 de agosto de 2015

Yo te imploro, Thor

Thor, dios del trueno y el rayo,
hijo de Odín, defensor de la tierra,
es domingo y operación retorno,
¿por qué estas mojando la hierba?

Muchas personas conducen ahora,
por carreteras que están mojadas,
el peligro se cierne en cada curva,
¿Quieres fastidiar el fin de semana?

Yo soy Vic, humilde siervo,
tu seguidor y paladín,
desde esta piedra yo te imploro
¿me escuchas un segundín?

Para de una vez estas tormentas,
que la lluvia ceda su impulso,
esta inundando las calles,
y me esta dando un gran susto.

A cambio de esta petición,
de que deje de mojarse la tierra,
te concederé lo que deseas,

te procuraré una guerra.